Hace unos días me encontré con una nena de 5 años que estaba disfrazada de hada. Tenía unas alitas coloridas y un vestido muy bonito. Muy entusiasmada me contó que había estado jugando con su papá y que, con ayuda de su varita y un poquito de polvo mágico, podía hacer aparecer cosas.
La miré fijamente y le dije que tenía una tarea muy difícil y muy importante para encomendarle. Ella me miró pensativa y con una leve sonrisa en sus labios. “¿Qué tengo que hacer?”, me preguntó absorta. “Tenés que hacer aparecer a mi hijo que hace mucho que no lo veo y lo extraño mucho. Quiero llevarlo a la plaza y abrazarlo bien fuerte”, le contesté ilusionado. Entonces movió su varita, puso cara de hada, y después de unos segundos me dijo: “ahora no puedo, pero en mi casa le digo a mi mamá que me ayude y trato otra vez”.
Y así se fue la pequeña hadita, saltando feliz, con mi sueño y su alitas, y yo me quedé pensando en vos, abatido por un lado y esperanzado por el otro, confiando en que la magia de un hada pueda resolver lo que los humanos no podemos. Te extraño hijo. Cada vez falta menos.
Que lindo lo del hada…creo se va a cumplir tu deseo..:
Me gustaMe gusta