¿A qué jardín vas?

Hola hijito de mi alma, hoy te quiero contar que la semana pasada me enteré que te cambiaron de jardín. Llamé a la escuela donde habías terminado sala de tres el año pasado, y la directora me informó que no habías empezado sala de cuatro en esa institución. Por sugerencia de ella llamé a la Supervisión de nivel inicial de la ciudad de Buenos Aires, pero allí me advirtieron que la única forma en que me podían informar en qué establecimiento te habían inscripto es a través de un oficio judicial. Entonces, tristemente, voy a estar muchos meses sin saber a qué jardín estás yendo y el impedimento de contacto ilegítimo que nos infligen  se seguirá extendiendo en el tiempo.

Al parecer las amenazas de tu mamá a la directora del jardín anterior tan solo por haber cumplido la ley, y los tres intentos frustrados de impedirme ingresar por medio de la policía, agotaron su paciencia y la hicieron optar por el cambio, de manera de ganar tiempo y empezar a tratar con autoridades y docentes que no están al tanto de su obrar obstruccionista que desoye lo dictaminado por un juez.

Obviamente pedirme opinión sobre colegios, o que elijamos uno juntos es algo que ya ni remotamente se me cruza por la cabeza, inclusive a pesar de haberle enviado numerosos mails con sugerencias, los cuales nunca fueron respondidos. Además, si bien ya lo había contado antes, en el que caso que tu mamá quiera que vayas a un colegio privado, ofrezco pagarlo al 100%, como así también ofrezco pagar el 100% de todos tus gastos y necesidades.

A pesar de todo hijo, por cada golpe que nos den yo siempre voy a responder con amor. Porque así me manejo y siempre me manejé en la vida. Cuando seas grande lo vas a poder comprobar vos solo, indagando por donde sea y hablando con quien quieras. Posiblemente ya no sea lo mismo, porque esta distancia nos dejará secuelas dolorosas y nos marcará de por vida, pero no tengo dudas que al amor que nos unió hasta octubre del año pasado, en algún momento resurgirá más fuerte que nunca.

Hoy no toqué timbre

Hola hijo, hoy es 14 de febrero de 2018 y te fui a buscar a tu casa como decenas de otras veces lo había hecho. Pero a diferencia de todas las otras veces, hoy llegué hasta la puerta y no tuve fuerzas para tocar el timbre. Pude ver a través de una hendija de la persiana que la casa parecía habitada pero claramente vos no estabas adentro, tal como viene ocurriendo en los últimos 3 meses y como ocurrió en la mayoría de los fines de semana desde octubre de 2016 a la fecha.

Hoy no tuve fuerzas para tocar el timbre y bancarme a tu abuela dándome boletas para pagar y haciéndose la desentendida con la atrocidad y la injusticia que se está cometiendo. Te pido perdón si es que esperabas más de mí en este aspecto pero hoy mi cuerpo dijo basta.

Con el de hoy ya van 103 días netos de impedimento de contacto. 71 fines de semana, 18 lunes y 14 miércoles. Me pregunto si tiene sentido seguir yendo y soportando toda la situación, si está más que claro que hasta que la justicia no haga algo la realidad no va a cambiar.

Quiero verte reír, llorar y cantar. Quiero escucharte decirme Papá y que nos abracemos bien fuerte. Quiero verte correr, tropezarte y levantarte. Quiero llevarte al jardín por las mañanas y pasarte a buscar por las tardes. Quiero despertarte, hacerte el desayuno y llevarte a pasear por todos lados. Quiero bañarte, prepararte la cena, que comamos juntos y contarte un cuento diferente cada noche antes de irnos a dormir. Quiero enseñarte a tocar la guitarra, a hacer pruebas cada vez más difíciles y llevarte a conocer la cancha de Boca. Quiero llevarte a la casa de los abus, que juegues con tus primos, y quiero que vayamos a la plaza, corramos carreras y saltemos arriba de los bancos.

Como verás, no quiero nada raro, lo único que quiero es que me dejen ser tu Papá.

Mi primera reunión de padres, y otra vez la policía.

Hola hijito, hoy es 24 de Noviembre 2017 y tuve la experiencia de participar de mi primera reunión de padres en tu jardín. Hace tiempo que tu seño me había avisado, así que por las dudas yo pedí en el juzgado que me dieran una autorización explícita para poder asistir, sabiendo de antemano que podía pasar cualquier cosa.

Y así fue como cinco minutos antes de la hora de inicio la directora me llamó y me pidió muy amablemente si podía ir otro día para evitar inconvenientes, porque tu mamá había llegado antes y había presentado no sé qué papeles para que yo no pudiera concurrir. A lo cual yo le respondí que no, que no sólo tengo el derecho legítimo como padre, sino que también tenía la autorización del juzgado.

Estuve 15 minutos afuera hasta que repentinamente llegó la policía. También salió la directora, explicó la situación y yo exhibí mi autorización a los tres uniformados, quienes después de leerla dieron el visto bueno para que yo ingresara. La directora me acompañó hasta tu aula y me senté en una de las sillitas, que posiblemente vos hayas usado más de una vez. ¿A vos te parece que tenga que venir la policía para que tu papá participe de una reunión de padres?

A tu mamá no la vi en ningún momento pero me enteré que se fue enojada y amenazó a la directora con sacarte de la institución. Cabe aclarar que yo no tenía ningún problema en compartir la sala con ella, creo que los dos tenemos derecho y debemos comportarnos civilizadamente. Es una pena que ella lo tome de esta manera porque nos terminamos perjudicando todos, inclusive los otros nenes del jardín que tienen que ver llegar a la policía y no deben entender el  por qué.

En la reunión tu seño nos contó un poco sobre las actividades que estuvieron realizando durante el año y nos proyectaron un video donde te pude ver muy contento jugando y compartiendo con tus amiguitos. Al finalizar nos dieron los informes y todos los papás y mamás se encontraron con sus hijos, a excepción mía, claro, porque obviamente no te habían llevado para evitar que estuvieras conmigo. Qué actitud sumamente egoísta, ¿no creés? Que todos tus compañeritos tengan esa alegría de encontrarse con sus padres en el aula donde juegan todos los días, menos vos que te lo perdiste.

Saludé a tu maestra y a la directora y me volví caminando al trabajo con un sentimiento de alivio. Primero porque no dejé avasallar mis derechos como papá, y segundo porque al menos por unos minutos tuve la posibilidad de sentirme un papá normal, como cualquier otro que asiste a una reunión de padres en el colegio de su hijo. Ya para cuando termine de escribir este texto y lo guarde para publicarlo más adelante, seguramente habré tomado consciencia que sigo sin verte y que cada día que pasa es una puntada más en la espalda que se me suma. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que podamos volver a vernos y tener una relación de padre a hijo como la que ambos nos merecemos?

Un almuerzo como los de antes

Hola hijito, hoy es domingo 3 de diciembre de 2017 y fuimos todos a almorzar a lo de tus abuelos. ¿Te acordás cuando vos venías? La última vez que pasamos juntos un día del fin de semana fue en octubre de 2016 y vos tenías poquito más de dos años, así que posiblemente te cueste acordarte de todo lo que hacíamos. Pero no te preocupes porque cuando nos volvamos a ver, tengas la edad que tengas, entre todos te vamos a hacer acordar de cómo disfrutabas de esos momentos.

Me acuerdo que te encantaba comer lo que te cocinaba tu Abu. Tenías dos platos preferidos. Pollo o carne con puré, pero siempre con alguna salsa de crema con puerros o algo por el estilo. Comías a upa de Papá, y te gustaba tanto que si me llagaba a distraer me agarrabas del brazo y me acercabas la cuchara al plato para que te siguiera dando la comida.

La casa de los abus es muy grande, y a vos te gustaba irte por todos lados. ¿Te acordás cuando jugabas a esconder el teléfono? Agarrabas el inalámbrico y los escondías en la habitación de los abus, debajo de la cama o entre las almohadas, lo hacías sonar desde la base, y te ibas corriendo por el pasillo hasta el comedor a llamar al abuelo o a la abuela para que lo buscaran. Las caras y gestos que hacías eran hermosos y muy tiernos.

Hoy fue un almuerzo como aquellos en los que vos también venías, solo que con un poquito más de gente porque hace ya bastante que tus tíos se volvieron a vivir a Buenos Aires. Vinieron León, Borja y Cata. Les tuve que prestar algunos de tus juguetes, no te enojás, ¿no? La casa siempre tiene más vida cuando hay chicos, ruido y desorden por todos lados, pero me resulta inevitable no ponerme triste pensando que faltás vos, y es imposible no imaginarte ahí, compartiendo el domingo con todos los chicos, tíos y abuelos.

Vivir de recuerdos no es sano, hijo, hasta inclusive es demasiado triste. Pero cuando te roban un hijo o un nieto, los recuerdos son lo único que mantiene viva la esperanza del reencuentro, y por más que el camino sea doloroso, hay que levantar la frente y transitarlo.

Otra vez la policía. Ahora en el jardín.

Hola hijito, hoy es 9 de noviembre de 2017, y te quería contar que otra vez tu papá tuvo que pasar por una situación horrible. En la semana tu “seño” me había llamado para avisarme que ya estaban tus fotos del jardín que había encargado anteriormente, entonces esta tarde decidí pasarlas a buscar. Intento ir al menos una vez por mes al jardín para hablar con tu maestra y la directora para que me cuenten como estás, ya que es la única forma que tengo de saber de tu educación. Tu mamá no me cuenta nada y nunca pude ni siquiera acercarme a tu cuaderno de comunicaciones.

Esperé a que pasaran algunos minutos de las cuatro de la tarde para llegar porque no tenía intención de cruzarme con tu madre. Toqué timbre y me dijeron que esperara. Había bastante movimiento porque hacía unos minutos que había sido la hora de salida. Y en eso, a los pocos minutos apareciste por entre el pasillo con tu mamá. Se ve que se habían demorado en la salida porque de lo contrario ya tendrían que haberse retirado un tiempito antes. Al principio no me viste, entonces te grité y fui a tu encuentro. Me agaché y te abracé fuerte, frente a la mirada de ella y la de todos los presentes. No me pude contener. Hace tres semanas que tu mamá obstruye nuestro vínculo sin justificación alguna y necesitaba estar cerca tuyo. Lo único que atinaste a decir fue “casa papá”. Yo lo interpreté como un “rescatame Papi”  y empecé a lagrimear. No paré de besarte, abrazarte y decirte que te quiero mucho. Vos asentiste con la cabeza como diciendo: “ya lo sé Pá, quédate tranquilo”.  Habrán sido tan solo 30 segundos, no más de un minuto. Vi en tus ojos como te costaba alejarte. No lo comprendías. No entendías cómo si papá estaba ahí no te podías ir a jugar un rato con él. A pasear en tren, a la plaza, a manejar su auto, a cantar, a dibujar o a lo que sea.

Yo me quedé adentro y ustedes salieron. Mientras esperaba a la directora para que me diera las fotos, vi por la ventana que llegaba un patrullero y se armaba un poco de revuelo afuera. Al parecer tu mamá había llamado a la policía. Evidentemente no le alcanza con el hecho de impedir ilegítimamente nuestro vínculo, sino que también pareciera que quiere verme preso. Porque te repito, lo único que hice fue abrazarte y decirte que te quiero mucho, a ella no le dirigí la palabra, es más, ni siquiera la miré. Es cierto, como vos sabés, existe una orden de alejamiento hacia ella por una denuncia falsa de amenazas, pero tu papá presentó todos los papeles en el jardín donde se aclara que en pos del interés superior del niño puedo asistir a la institución cuando lo desee para participar activamente de tu educación. ¿Pero cómo le hacés entender eso al policía prepotente que te viene a arrestar, sin conocer nada de la situación?

Un uniformado ingresó a la escuela y vino hacia mí. “Lo tengo que llevar demorado”, me dijo. Intenté explicarle pero era como hablarle a una pared. Finalmente la directora pudo interceder y lograron convencerlo, pero se retiró amenazante diciendo que la próxima me iba a llevar detenido.

Una vez más me sentí perseguido, discriminado y desprotegido. Ya perdí la cuenta de las veces que en estos últimos dos años me trataron como si fuera un delincuente. Por momentos pienso que no se puede vivir así por el desgaste emocional que implica. Pero olvidarme de vos no es una opción así que tengo que sacar fuerzas de donde pueda para no aflojar. Te quiero mucho hijo. Quiero verte, escucharte, abrazarte bien fuerte. Me gustaría estar presente en cada una de las cosas que hacés y al lado tuyo en cada paso que das, pero lamentablemente tu mamá está empecinada en no permitírmelo. Por favor se fuerte y aguantá que en algún momento Papá lo va a solucionar.

Cumple Abu

Hola hijito. Hoy es 17 de octubre de 2017 y hoy tu abu cumple 63 años. A todos nos hubiese gustado verte, en especial a ella. Tu abuela te quiere mucho y toda esta situación la tiene muy mal. ¿A qué abuela no le gustaría pasar su cumpleaños rodeada de todos sus nietos?

Pero vos quedate tranquilo que ella sabe muy bien que vos también la querés mucho y que te hubiese encantado estar con ella en este día, pero que lamentablemente tu mamá no te lo permitió. Todavía me acuerdo de su emoción el día que le dijiste “abu” por primera vez.

La verdad que ligaste una abuela súper especial. ¿Qué nene tiene una abuela que corretea a la par de un niño? ¿Qué nene tiene una abuela que juega a la pelota como un mediocampista más? ¿Qué nene tiene una abuela que sube y baja la rampa del estacionamiento al son de su sonrisa disparatada? ¿Qué nene tiene una abu que baila, pinta, arma torres y le cuenta cuentos? Sos un privilegiado hijo, y yo me doy cuenta que vos sos consciente de eso, porque cada uno de los encuentros con tus abuelos los exprimís al máximo y los dejás de cama.

Pero qué triste es que tu mamá también se esté apropiando de tu legítimo derecho de compartir tiempo con ellos. Qué injusto es que te quieran sustraer la mitad de tu historia y robar parte de tu identidad como persona. Qué impotencia me da conocer un montón de chicos que les encantaría poder tener abuelos y no los tienen, y vos que los tenés no los puedas disfrutar como te lo merecés.

Ah! Y hablando de a abuelos, nietos e identidades sustraídas, te quería contar que tenés un primito nuevo. En realidad ya tiene 7 meses pero lamentablemente vos todavía no lo conocés y andá a saber cuánto tiempo pasará hasta que lo conozcas. Tus tíos le pusieron un nombre medio raro, pero no importa, nosotros lo queremos igual y se muere de ganas por conocerte. Tu otro primo también te extraña. Ya posiblemente casi ni te acuerdes de él, pero tiene tu misma edad y es una pena que no puedan crecer juntos porque serían muy buenos compinches.

Toda tu familia paterna te extraña mucho hijo. Todos te tenemos presente en todo momento y todos queremos que pases tiempo con nosotros. No veo la hora de que eso llegue. Te quiero y te extraño mucho.