Bonzo, Sami y el amor por los perros

Hijo, ¿vos sabías que una de las cosas que me enamoraron de tu mamá fue su amor por los perros? Hasta haberla conocido mi relación con ellos había sido prácticamente de indiferencia. Siempre había vivido en departamento y a tu abuelo mucho no le agradaban, así que hasta ese entonces siempre había mantenido una suerte de distancia para con ellos.

Cuando la conocí a tu mamá ella vivía con dos. No recuerdo sus nombres, pero eran viejitas y ambas murieron mientras estábamos juntos, y yo la acompañé en el sufrimiento de las dos despedidas.

En Marzo de 2013 me convenció para que adoptara un perro y ella se ocupó de encontrarlo. Lo fuimos a buscar juntos una mañana a Valentin Alsina. Le puse Bonzo y experimenté el amor más fuerte y sincero que puede existir entre un ser humano y un animal. Lamentablemente lo tuvimos poco tiempo, porque Bonzo nos dejó el 21 de septiembre de ese mismo año. Fue la primavera más triste que viví. En ese entonces no recordaba haber llorado tanto en mi vida. El día que Bonzo murió tu mamá y yo decidimos empezar a vivir juntos, y al mes tuvimos la noticia de que vos estabas en su panza. El año que vivimos los tres juntos te hablamos mil veces de él, inclusive vos nos hacías acordar tanto a él que llegamos a pensar que eras su reencarnación. Me acuerdo que escondías tus juguetes en el mismo lugar que Bonzo escondía su orejita.

Después llegó Sami. Cuando vos estabas en la panza de tu mamá, un proveedor de mi negocio, quien había visto personalmente mi relación con Bonzo, me ofreció una cachorrita en adopción. El nombre lo eligió tu mamá y yo la fui a buscar hasta Ezeiza. Sami tenía 6 hermanos pero todos murieron. Ella fue la única sobreviviente, y posiblemente haya sobrevivido por el inmenso amor que le dimos tu mamá y yo. Al principio nos dijeron que tenía un soplo en el corazón, que no nos encariñáramos porque no iba a vivir mucho. Pero no les hicimos caso y Sami logró sobreponerse y hoy en día es la perra más loca y guardiana del mundo.

A ella también la extraño mucho. Hace más de un año que no la puedo ni tocar pero siempre escucho sus ladridos cuando toco el timbre de tu casa. Ella también debe haber sufrido mi ausencia.  Sin embargo nunca me pareció mal que se quedara con vos. Recuerdo que cuando la sacaba a pasear le decía que si alguna vez me pasaba algo que ella cuidara de vos. Y no tengo duda de que lo está haciendo. No tengo dudas de que si en algún momento vos estás en peligro ella va a dar su vida por vos, de la misma manera que lo haría yo. Yo la he visto imponer miedo cuando alguien se nos acercaba y creeme que asusta a cualquiera.

Me imagino que para un chico debe ser muy difícil, o quizá imposible, discernir qué cosa aprender de sus padres y qué es mejor olvidar. Pero si hay algo que me gustaría que aprendas y adoptes de tu mamá es su amor por los perros. Y yo, por mi lado, a pesar de todo lo que ha venido ocurriendo, siempre le voy a estar agradecido por haberme enseñado ese modo de vida tan especial, que es hacer de tu perro un integrante más de la familia.