Mudanza

Hola Hijito, hoy te quiero contar que hace unos días me mudé. Por un lado estoy un poco triste, porque la “casa Papá” que conociste ya no será la misma cuando nos volvamos a ver, y ya no podrá ser un puente de recuerdos que nos ayude a revincularnos. Ya no tendrás que apretar el ocho en el ascensor, ya no te saludará el encargado, yo no reconocerás las cuadras y negocios aledaños  y todo te resultará extraño cuando vengas a la nueva. Pero por otro lado estoy muy feliz y esperanzado porque arranca una nueva etapa en mi vida, y no tengo dudas que estará llena de amor, felicidad e infinidad de nuevos proyectos.

El proceso de embalado fue duro. Cuando agarré tu remerita de Boca me di cuenta que todavía mantenía el olor de tu piel y fue inevitable no entristecerme.  También tuve que desarmar la estación de servicio, ya sucia y polvorienta por el desuso, guardar tu guitarra, azul como la de papá, tus marcadores, lápices y libritos para pintar. Tus autitos, el Rayo Mc Queen, tus herramientas, la fábrica de masa, el pizarrón, el micrófono,  cada cosa que guardaba me traía recuerdos de cuando nos divertíamos juntos.

La casa nueva te va a encantar. Y lo más lindo de todo es que tiene una habitación reservada para vos. Obvio, por más que ahora no nos estemos viendo yo no pierdo las esperanzas. Y cómo siempre digo, luego de una separación tanto mamá como papá tenemos derecho a rehacer nuestras vidas, pero siempre junto a nuestros hijos, y esto es una de las tantas maneras que tengo de demostrártelo. Ojalá que pronto vengas a conocerla y que te quedes a dormir. Tengo un montón de cuentos para contarte, besos para darte y abrazos para apretujarte. Te extraño mucho hijito. Ya cada vez falta menos.