Mi hijo y El Gauchito

Hijo, ¿vos sabías que gracias vos conocí al Gauchito Gil? Es decir, ya conocía su imagen y había visto infinidad de santuarios por todo el país, pero nunca se me había ocurrido leer acerca de su historia hasta que lo empezamos a frecuentar juntos.

Una de las plazas a la que más veces te llevé fue el Parque Los Andes, y en ese parque, además de calesitas y un montón de otros juegos, hay un santuario bastante grande del Gauchito Gil. Entonces, un día tomamos coraje y decidimos entrar. Tomados de la mano, silenciosos y con movimientos lentos nos fuimos acercando hasta ingresar. Una vez dentro vimos su figura grande e imponente, junto con decenas de velas rojas y otras ofrendas como bebidas alcohólicas, paquetes de yerba y cigarrillos. Nos llamó mucho la atención y nos dio mucha intriga por qué lo venía a venerar tanta gente.

Y así fue como todas las veces que volvimos a esa plaza pasamos a saludarlo. Algunas veces te lo sugería yo, y otras veces directamente me lo pedías vos. Y una vez le prendimos una vela, ¿te acordás?

Me pregunto qué pensará ahora el Gauchito que hace ya varios meses que no lo pasamos a saludar. ¿Pensará que nos olvidamos de él? ¿Pensará que nos mudamos a otra ciudad? ¿Qué pensará de ese nene y ese papá que siempre pasaban a verlo felices de la vida y que de un día para el otro dejaron de hacerlo? Lo único que sé, hijito, es que te prometo que vamos a ir a averiguarlo juntos, tengas la edad que tengas. Y, si el Gauchito nos da una mano para que sea más pronto que tarde, se lo vamos a agradecer mucho. Te quiero y te extraño cada día más.