El último abrazo en mucho tiempo

Hola Hijito, hoy es 19 de diciembre de 2017 y es muy probable que te haya dado el último abrazo en mucho tiempo. Hoy al mediodía hubo una actividad en tu jardín con motivo del cierre del año y no me la quería perder. Apenas llegué te vi en el hall con tu mamá, tu abuela, tu tía y uno de tus primos. Te saludé desde lejos y te sonreí. Vos me viste y cruzamos miradas.

Te noté raro. Te sentí  triste, desmejorado. Ya no percibí esa alegría incontrolable que siempre tenías al verme. Fue la primera vez que realmente sentí que los efectos de la alienación parental se habían empezado a apropiar de tu persona. Como antes nos veíamos una o dos veces por semana, ese poquito tiempo servía de campo de fuerza y todo lo que escuchabas en tu casa no te hacía efecto alguno, pero como hace ya dos meses que no nos vemos, esa energía ha mermado y la mentira ha empezado a echar raíces en tu cabecita.

Cuando las autoridades del jardín me vieron me hicieron entrar a la oficina de dirección, cosa que no me gustó. Ahí me dijeron que otra vez iba a venir la policía (ya es la tercera que vez que viene al jardín) porque tu mamá no quería que yo esté ahí. No lo podía creer. Ya todos saben que estoy autorizado por el juzgado a ir a actos escolares en tu jardín, e inclusive así le siguen dando cabida a los reclamos de tu mamá. La policía vino y obviamente dijo que yo me podía quedar, que en todo caso si tu mamá tenía algún problema podía irse en cualquier momento.

La actividad consistió en una especie de búsqueda del tesoro por todo el jardín. Hubo canciones, una sección de educación física con carrera de obstáculos, y terminó en tu aula con la entrega de carpetas. En cada momento de la actividad no perdí oportunidad para mirarte, saludarte, sonreírte y gesticularte con la boca un “te quiero mucho”. Vos me observabas confundido. A cada rato me buscabas tímidamente con tu mirada, como sabiendo que estabas haciendo algo que alguien no quería que hicieras. Tardaste un tiempo, pero finalmente me saludaste desde lejos con tu manito.

Yo me sentía muy raro. Tenerte tan cerca y ni siquiera poder darte la mano era de una impotencia enorme. Hasta que en un momento no aguanté más. Mientras mirabas tu carpeta con tu mamá, tu abuela, tía y primos, me acerqué, me agaché, te agarré del brazo y te abracé bien fuerte. Y en ese momento se detuvo el mundo. No había nadie más alrededor que nosotros dos. Te dije mil veces que te quiero mucho y que papá siempre iba a estar con vos. Después me levanté, saludé a la directora y me retiré. El objetivo principal, que era que me vieras y poder saludarte, se había cumplido.

Debo reconocer que me fui destrozado. Porque cada vez veo más lejano el hecho de que tu mamá afloje y quiera que pasemos tiempo juntos. Porque también me pone muy triste que el resto de su familia avale este comportamiento obstruccionista injustificado. Porque no te vi bien y no te percibí feliz. Porque noté que tus amiguitos jugaban alegres y vos parecías como apagado. Porque tengo miedo de que la próxima vez que te vea no sea más que un extraño en tu vida. Porque me debato internamente si debo seguir haciendo estas cosas o si debo dar un paso al costado y sólo seguir con mí lucha en el campo judicial y esperar a que pasen los años para poder revincularme con vos. Porque siento a flor de piel como tu infancia se me esfuma. Porque tengo miedo de que todo esto repercuta en tu vida adulta. Porque siento culpa de que tengas que pasar por todo esto. Porque me duele y porque también veo sufrir a la gente que me quiere. Porque soy tu papá y te extraño hasta el infinito. Y porque posiblemente este haya sido el último abrazo que te pueda dar en mucho tiempo.

Un almuerzo como los de antes

Hola hijito, hoy es domingo 3 de diciembre de 2017 y fuimos todos a almorzar a lo de tus abuelos. ¿Te acordás cuando vos venías? La última vez que pasamos juntos un día del fin de semana fue en octubre de 2016 y vos tenías poquito más de dos años, así que posiblemente te cueste acordarte de todo lo que hacíamos. Pero no te preocupes porque cuando nos volvamos a ver, tengas la edad que tengas, entre todos te vamos a hacer acordar de cómo disfrutabas de esos momentos.

Me acuerdo que te encantaba comer lo que te cocinaba tu Abu. Tenías dos platos preferidos. Pollo o carne con puré, pero siempre con alguna salsa de crema con puerros o algo por el estilo. Comías a upa de Papá, y te gustaba tanto que si me llagaba a distraer me agarrabas del brazo y me acercabas la cuchara al plato para que te siguiera dando la comida.

La casa de los abus es muy grande, y a vos te gustaba irte por todos lados. ¿Te acordás cuando jugabas a esconder el teléfono? Agarrabas el inalámbrico y los escondías en la habitación de los abus, debajo de la cama o entre las almohadas, lo hacías sonar desde la base, y te ibas corriendo por el pasillo hasta el comedor a llamar al abuelo o a la abuela para que lo buscaran. Las caras y gestos que hacías eran hermosos y muy tiernos.

Hoy fue un almuerzo como aquellos en los que vos también venías, solo que con un poquito más de gente porque hace ya bastante que tus tíos se volvieron a vivir a Buenos Aires. Vinieron León, Borja y Cata. Les tuve que prestar algunos de tus juguetes, no te enojás, ¿no? La casa siempre tiene más vida cuando hay chicos, ruido y desorden por todos lados, pero me resulta inevitable no ponerme triste pensando que faltás vos, y es imposible no imaginarte ahí, compartiendo el domingo con todos los chicos, tíos y abuelos.

Vivir de recuerdos no es sano, hijo, hasta inclusive es demasiado triste. Pero cuando te roban un hijo o un nieto, los recuerdos son lo único que mantiene viva la esperanza del reencuentro, y por más que el camino sea doloroso, hay que levantar la frente y transitarlo.

Feliz 2018

Hola hijo, hoy es el último día del 2017 y acabo de irte a buscar a tu casa. El juez había dictaminado que tenías que estar conmigo desde hoy a las 12:00 hasta mañana en el mismo horario. Pero obviamente, al tocar el timbre lo único que escuché fueron los ladridos de Sami, y ni vos ni tu mamá ni tu abuela parecían estar adentro. Es tu cuarto año nuevo y el tercero consecutivo que pasás sin tu papá.

Mi deseo para este 2018 que arranca en escasas horas no puede ser otro que el que volvamos a estar juntos. También deseo que seas un niño feliz, que puedas progresar en tu lenguaje, que dejes los pañales, y que en el jardín hagas muchos amigos y aprendas muchas cosas nuevas.

Yo por mi parte te prometo que voy a intentar ser feliz a pesar de todo. Te prometo que no voy a bajar los brazos y que siempre voy a seguir luchando para que se haga justicia. La vida sigue y no puedo permitir que los golpes, por más duros y contundentes que sean, me detengan. Tengo muchos desafíos profesionales y personales para este año y voy a poner toda la garra del mundo para llevarlos a cabo. Sea cuando sea nuestro encuentro, quiero que sientas orgullo de tu viejo, tanto en su rol de padre como en el de persona en general.

Aprovecho también para desearles un muy buen 2018 a todos los lectores. Los que tienen a sus hijos disfrútenlos al máximo, y los que no tienen esa suerte, por favor no decaigan y piensen que el próximo año sí o sí tiene que ser mejor, pero que eso en gran medida depende de la fuerza que cada uno de ustedes le ponga.

Hijito de mi alma, donde quieras que estés, sabé que papá va a estar pensando vos. Te quiero y te extraño mucho.

Esperanzas

Hijo, ¿vos sabías que a papá nunca le gustó hacer la cama? Quizá sea porque tampoco me molesta dormir con la cama desecha, no lo sé. El tema es que los dos días por semana que en algún momento supiste venir a “casa papá”, siempre tomé el recaudo de hacer previamente la cama y acomodar todo porque no me gustaba que vieras mi habitación ni la casa desordenada. Ahora ya hace dos meses que, aunque sigo yéndote a buscar como lo dice el juez,  tu mamá impide que nos veamos. Pero debe haber algo en mí que nunca me hace perder la esperanza, porque todos lunes y todos miércoles antes de salir al trabajo jamás me olvido de hacer la cama y dejar todo ordenado, por las dudas de que por la tarde podamos estar juntos y jugar un rato.

¿Te acordás que era lo que más te gustaba comer cuando estábamos juntos? Si, los palitos salados. Siempre me aseguré de tener un paquete a mano por si en algún momento te daba hambre. He llegado a hacer malabares tremendos como tenerte a upa dentro del subte lleno de gente, y abrir el paquete con la boca mientras hacía equilibrio para no caernos, todo porque a vos se te ocurría comerlos en los lugares y momentos más extraños. El último paquete que compré lo tengo todavía en el auto. Fue el 25 de octubre de 2017. Ese día te pasé a buscar y fue el primero de esta nueva secuencia inagotable de impedimentos de contacto. Posiblemente ya esté vencido. Lo cierto es que cada vez que subo al auto lo veo, pero no me resigno a tirarlo o a comerlo. Seguramente sean esas mismas esperanzas que tengo que algún día pueda comerlo con vos, las que me disuaden a que no lo haga.

Otra cosa que me niego a sacar del auto es tu silla. De vez en cuando miro para atrás, y la veo ahí, vacía, y me acuerdo de cómo charlábamos de la vida, yo adelante y vos atrás, tomados de la mano, carcajada de por medio, y no puedo creer haber llegado a esta situación. Sacarla sería como rendirme, como asumir que ya no hay chances de que volvamos a estar juntos, y me niego rotundamente, porque la esperanza es lo último que voy dejar que abandone mi cuerpo.

Tus juegos, juguetes, pizarrón y todas tus cosas siguen en “casa papá” igual que la última vez que viniste. Es más, en este preciso instante, mientras escribo estas líneas,  veo tu estación de servicio, tus autos, tu trencito eléctrico, tu fábrica de masa y tu caja de herramientas, y las percibo entristecidas por la falta de uso, y acongojadas por el lejano recuerdo de tus manitos sobre ellas.

Por último, te quiero contar, que de la última vez que fuimos a la plaza, nos quedó sin usar una de las fichas de los juegos mecánicos. Cuando saqué las monedas del pantalón la vi ahí, gris y ranurada, y desde ese entonces la guardo como un tesoro, como símbolo de esa misma esperanza que me da fuerzas para seguir adelante. No me pienso deshacer de ella porque no tengo dudas de que algún día la vamos a volver a usar. Espero que todavía tengas edad para subirte a los juegos porque eso habrá significado que se hizo justicia, pero de no ser así, se la regalaremos a algún otro chico, y nosotros nos sentaremos a hablar de la vida como lo hacíamos antaño, y pretenderemos, a fuerza de recuerdos, intentar suplir el tiempo perdido que nos expropiaron, y así iniciar el lento e interminable proceso de cicatrización de heridas. Papá te extraña más que nunca.

Bonzo, Sami y el amor por los perros

Hijo, ¿vos sabías que una de las cosas que me enamoraron de tu mamá fue su amor por los perros? Hasta haberla conocido mi relación con ellos había sido prácticamente de indiferencia. Siempre había vivido en departamento y a tu abuelo mucho no le agradaban, así que hasta ese entonces siempre había mantenido una suerte de distancia para con ellos.

Cuando la conocí a tu mamá ella vivía con dos. No recuerdo sus nombres, pero eran viejitas y ambas murieron mientras estábamos juntos, y yo la acompañé en el sufrimiento de las dos despedidas.

En Marzo de 2013 me convenció para que adoptara un perro y ella se ocupó de encontrarlo. Lo fuimos a buscar juntos una mañana a Valentin Alsina. Le puse Bonzo y experimenté el amor más fuerte y sincero que puede existir entre un ser humano y un animal. Lamentablemente lo tuvimos poco tiempo, porque Bonzo nos dejó el 21 de septiembre de ese mismo año. Fue la primavera más triste que viví. En ese entonces no recordaba haber llorado tanto en mi vida. El día que Bonzo murió tu mamá y yo decidimos empezar a vivir juntos, y al mes tuvimos la noticia de que vos estabas en su panza. El año que vivimos los tres juntos te hablamos mil veces de él, inclusive vos nos hacías acordar tanto a él que llegamos a pensar que eras su reencarnación. Me acuerdo que escondías tus juguetes en el mismo lugar que Bonzo escondía su orejita.

Después llegó Sami. Cuando vos estabas en la panza de tu mamá, un proveedor de mi negocio, quien había visto personalmente mi relación con Bonzo, me ofreció una cachorrita en adopción. El nombre lo eligió tu mamá y yo la fui a buscar hasta Ezeiza. Sami tenía 6 hermanos pero todos murieron. Ella fue la única sobreviviente, y posiblemente haya sobrevivido por el inmenso amor que le dimos tu mamá y yo. Al principio nos dijeron que tenía un soplo en el corazón, que no nos encariñáramos porque no iba a vivir mucho. Pero no les hicimos caso y Sami logró sobreponerse y hoy en día es la perra más loca y guardiana del mundo.

A ella también la extraño mucho. Hace más de un año que no la puedo ni tocar pero siempre escucho sus ladridos cuando toco el timbre de tu casa. Ella también debe haber sufrido mi ausencia.  Sin embargo nunca me pareció mal que se quedara con vos. Recuerdo que cuando la sacaba a pasear le decía que si alguna vez me pasaba algo que ella cuidara de vos. Y no tengo duda de que lo está haciendo. No tengo dudas de que si en algún momento vos estás en peligro ella va a dar su vida por vos, de la misma manera que lo haría yo. Yo la he visto imponer miedo cuando alguien se nos acercaba y creeme que asusta a cualquiera.

Me imagino que para un chico debe ser muy difícil, o quizá imposible, discernir qué cosa aprender de sus padres y qué es mejor olvidar. Pero si hay algo que me gustaría que aprendas y adoptes de tu mamá es su amor por los perros. Y yo, por mi lado, a pesar de todo lo que ha venido ocurriendo, siempre le voy a estar agradecido por haberme enseñado ese modo de vida tan especial, que es hacer de tu perro un integrante más de la familia.

Mi hijo, el fanático de los trenes

Hijo mío, apasionado por los trenes, o por los “chuchú”, como al menos les decías hasta la última vez que te vi, te quiero contar que todos los sábados a la mañana voy caminando desde mi casa hasta el Parque Rivadavia, y cada vez que cruzo las vías por la calle Ambrosetti, me detengo en ese monumental aglomerado de rieles de acero y no puedo evitar pensar en vos. Me encantaría hacer ese mismo trayecto tomados de la mano, porque sé que con Papá te encanta caminar largas distancias sin cansarte, y que nos detengamos sobre el puente a mirar desde las alturas ese paisaje ferroviario y el ir y venir de los vagones, mientras respiramos el aire urbano, cruzamos miradas cómplices y hablamos de todo un poco.

De bien chiquito te empezaron a gustar los trenes. Ni gateabas todavía y ya te habíamos regalado una locomotora que iba y venía por todo el departamento. Un tiempo después, cuando me separé de tu mamá y todavía nos veíamos, no pasaba día en que no me pidieras que te lleve a pasear en uno o simplemente ir a verlos pasar a la estación. No dejamos subte ni tren por conocer. Disfrutabas de cada instante del recorrido. Bajar la escalera, pasar la SUBE, traspasar el molinete, sentarnos a esperar, subirnos, apretujarnos entre las personas, comer unos palitos durante el viaje, bajarnos y luego regresar a nuestro punto de partida.

Te gustan tantos los trenes que un día se me ocurrió regalarte uno eléctrico. Armé las vías, conecté todo, y cuando llegaste a casa y lo viste te volviste loco de la emoción. Tengo filmado ese momento de alegría y exaltación, con vos accionando la palanca de velocidades y viendo a la formación trasladarse de un lado al otro del circuito. También, los tenés tan incorporados, que cada vez que cruzábamos un paso a nivel con el auto se te iluminaban los ojos de emoción y se te dibujaba una sonrisa hermosa en la cara, mientras señalabas las barreras con tu manito y me decías “Papá, chuchú”.

Lo cierto es, hijito mío, que cada día que pasa se me hace más difícil estar alejado de vos. La incertidumbre de no saber cuándo te voy a volver a ver es desesperante. En todo lo que hago te veo reflejado, y todo lo que emprendo lo hago para que algún día tengas la posibilidad de sentirte orgulloso del papá que no te dejaron disfrutar. Te extraño mucho.

Cumple Abu

Hola hijito. Hoy es 17 de octubre de 2017 y hoy tu abu cumple 63 años. A todos nos hubiese gustado verte, en especial a ella. Tu abuela te quiere mucho y toda esta situación la tiene muy mal. ¿A qué abuela no le gustaría pasar su cumpleaños rodeada de todos sus nietos?

Pero vos quedate tranquilo que ella sabe muy bien que vos también la querés mucho y que te hubiese encantado estar con ella en este día, pero que lamentablemente tu mamá no te lo permitió. Todavía me acuerdo de su emoción el día que le dijiste “abu” por primera vez.

La verdad que ligaste una abuela súper especial. ¿Qué nene tiene una abuela que corretea a la par de un niño? ¿Qué nene tiene una abuela que juega a la pelota como un mediocampista más? ¿Qué nene tiene una abuela que sube y baja la rampa del estacionamiento al son de su sonrisa disparatada? ¿Qué nene tiene una abu que baila, pinta, arma torres y le cuenta cuentos? Sos un privilegiado hijo, y yo me doy cuenta que vos sos consciente de eso, porque cada uno de los encuentros con tus abuelos los exprimís al máximo y los dejás de cama.

Pero qué triste es que tu mamá también se esté apropiando de tu legítimo derecho de compartir tiempo con ellos. Qué injusto es que te quieran sustraer la mitad de tu historia y robar parte de tu identidad como persona. Qué impotencia me da conocer un montón de chicos que les encantaría poder tener abuelos y no los tienen, y vos que los tenés no los puedas disfrutar como te lo merecés.

Ah! Y hablando de a abuelos, nietos e identidades sustraídas, te quería contar que tenés un primito nuevo. En realidad ya tiene 7 meses pero lamentablemente vos todavía no lo conocés y andá a saber cuánto tiempo pasará hasta que lo conozcas. Tus tíos le pusieron un nombre medio raro, pero no importa, nosotros lo queremos igual y se muere de ganas por conocerte. Tu otro primo también te extraña. Ya posiblemente casi ni te acuerdes de él, pero tiene tu misma edad y es una pena que no puedan crecer juntos porque serían muy buenos compinches.

Toda tu familia paterna te extraña mucho hijo. Todos te tenemos presente en todo momento y todos queremos que pases tiempo con nosotros. No veo la hora de que eso llegue. Te quiero y te extraño mucho.

Una Justicia para mamá, otra para papá (parte 2)

Hola hijo, hoy te quiero contar un poco más acerca de las diferencias en el accionar de la justicia en temas de familia, es decir, cómo este organismo adopta un criterio para las madres y otro diferente para los padres.

Para el 4 de Octubre de 2016 nos convocaron a tu mamá y a mí a una audiencia en el juzgado para tratar temas de régimen de comunicación y pago de alimentos, pero tu madre no se presentó, sin justificación alguna. Nos volvieron a convocar para el 14  de Junio de 2017 (sí, 8 meses después, viste como son los tiempos de la justicia, ¿no?), pero tu madre, otra vez, incompareció. Sin embargo, esta vez presentó un certificado médico. Nuevamente nos volvieron a convocar para el 30 de Junio, pero otra vez tu madre no se presentó, esta vez, al igual que en octubre del año pasado, sin justificación alguna.

¿Querés que te cuente por qué no se presentó? Por un lado hay un tema económico importante que quiere evitar afrontar a toda costa, pero prefiero no ahondar en esos detalles porque no es el foco de este escrito. Pero el otro motivo por el cual evitó presentarse en las audiencias es porque la secretaria del juez dijo que íbamos a fijar un pernocte (te ibas a empezar a quedar a dormir en mi casa), y ella eso no lo quiere bajo ningún punto de vista. Ella no quiere que pases tiempo conmigo y lo demuestra en cada una de las acciones que lleva a cabo. Ella piensa que sos una “cosa” de su propiedad. Ella piensa que no tenés derecho a pasar tiempo con papá, ni con tus abus, ni con tus tíos ni primos paternos. ¿Qué otra cosa justificaría su obrar tan mezquino y aberrante?

En paralelo, también nos convocaron tres veces del cuerpo médico forense para evaluar temas de vínculos y relaciones familiares. Tendríamos que haber ido los tres, pero tu mamá, obviamente, nunca se presentó. La primera fue el 28 de diciembre de 2016, la segunda el 24 de abril de 2017 y la tercera el 21 de junio de 2017. Todas sin justificación alguna. ¿Querés que te cuente por qué no fue? Quizá porque hubiera quedado en evidencia que vos te morís de ganas de pasar más tiempo conmigo. O que cada vez que me ves corrés desesperado a abrazarme gritando papá. Pero devuelta, no son cuestiones en las que me quiera explayar en este posteo.

En resumen, no se presentó a 6 instancias judiciales, 5 de ellas sin justificación, y a nadie le importó y nunca recibió ni recibirá ningún castigo por ello.

Por otro lado, en una de las tantas falsas denuncias que tu madre me hizo, me citaron a declarar a una fiscalía. Esto fue el 16 de mayo de 2016. Ese día tenía un compromiso laboral importante y pedí por escrito que se cambiara la fecha. No supe nada hasta el 5 de junio a las 6 AM cuando me tocó el timbre un policía diciendo que tenía una orden judicial para llevarme a la fiscalía. Así fue como cuatro policías (sí, cuatro) me esperaron en la puerta de mi edificio y me llevaron a declarar por la fuerza. Como un delincuente. Faltó que me esposaran y que me encapucharan la cabeza, pero me hicieron sentir horrible.

¿A esto le llaman justicia? ¿A esto le llaman igualdad de género? ¿Te das cuenta las diferencias que hace la justicia entre una mamá y un papá? Todo está tergiversado. Todo está desvirtuado. Somos culpables porque sí. Somos culpables tan solo por ser padres. Ojalá que para cuando te toque ser padre todo esto haya cambiado.

Impedimentos y Código Civil

Hola hijito, hoy es 20 de noviembre de 2017 y como todos los lunes a las 17 horas te fui a buscar a tu casa, pero otra vez tu mamá impidió ilegítimamente nuestro encuentro. Hoy se cumple un mes desde la última vez que te vi, y es el impedimento de contacto número 73 desde que empezó el juicio. Ya van 57 fines de semana seguidos y 16 días de semana en los que te voy a buscar como dice el régimen de comunicación del juzgado, pero que por excusas tan diversas como absurdas tu mamá impide que nos veamos.

Los incumplimientos empezaron en octubre de 2016. En ese entonces la abogada de tu mamá informó a la mía que los domingos ibas a empezar a tomar clases de educación física con tu tío. ¿Podés creerlo? Seguramente no, pero por suerte tengo el mail que lo corrobora. Muchos otros domingos directamente no hubo nadie en la casa, así que en varios de ellos fui a hacer la denuncia correspondiente a la comisaría y en otras ocasiones fui con un escribano para que labrara un acta de lo sucedido, porque tu mamá atinó a decir que era yo el que no te iba a buscar. Después hubo otras excusas como que te llevaron al médico, al psicólogo o que directamente te fuiste con tu mamá y un sinfín de otras justificaciones desatinadas. Y hoy por hoy, es tal la impunidad con la que se maneja, que llegamos a un caso como el de hace unas horas en el que toqué timbre, atendió el portero eléctrico y al escuchar mi nombre colgó, mientras yo escuchaba tu voz y los ladridos de Sami dentro de la casa. Por un instante pensé en gritarte para que reconocieras mi voz y sepas que no me olvidé de vos, pero finalmente opté por no hacerlo porque pensé que te iba someter a una angustia mayor si sabías que estaba afuera y tu mamá no te permitía irte conmigo. Volví a tocar el timbre en reiteradas ocasiones durante la media hora siguiente pero nunca más me contestó, entonces me retiré, triste, indignado y embroncado, mientras te seguía escuchando adentro.

El artículo 646 del código civil dice que “Son deberes de los progenitores respetar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos, otros parientes, o personas con las cuales el niño tenga vínculo afectivo.” El artículo 652 dice que “en el supuesto de cuidado personal atribuido a uno de los progenitores, el otro tiene derecho y el deber de fluida comunicación con el hijo”. Y el artículo 653 dice que “en el supuesto que el cuidado personal deba ser unipersonal, el juez debe priorizar al progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro”.

Ahora yo me pregunto, ¿no es suficiente todo esto para que el juez tome una decisión categórica? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que sufrir esta situación? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que seguir soportando que te alejen de tu Papá y de toda su familia? ¿Cuánto más grande tiene que ser la herida, y cuánto más irreparable tiene que ser el daño para que lo hagan? Cómo ves, hijito querido, el problema de este país no es tanto la falta de leyes, sino la escasez de personas que tengan el coraje para hacerlas cumplir.

Ropa y Pago de Alimentos

Hola Hijito. Hoy es lunes 1 de noviembre de 2017 y otra vez te fui a buscar a tu casa a las 17 horas, como todos los lunes. Otra vez pasaron dos semanas sin verte y nuestros encuentros cada vez son más espaciados. Toqué el timbre y me atendió tu abuela. “Se fue con la mamá” me dijo.

En primer lugar, para hablar con propiedad, me gustaría decirle a tu abuela que no te fuiste con tu mamá, sino que tu mamá te llevó con ella. ¿Se entiende la diferencia? Claro, tenés tres años y mucha resistencia no podés oponer. Y en segundo lugar, me gustaría decirle a tu mamá que cuando un juez dictamina que un padre tiene que estar con su hijo tales días y tales horarios, ella debe cumplirlo y de ninguna manera puede disponer del niño a su voluntad, como si fuera un objeto o un ente vacío de sentimientos. A mí me hace mucho daño, realmente me hiere, pero a vos te causa el mismo detrimento emocional, solo que vos no lo podés exteriorizar, y quizá eso inclusive resulte peor.

El brevísimo intercambio de palabras continuó de la siguiente manera. “Vos te quedaste con un chaleco del nene, te pido que lo traigas”.

Hijo de mi alma. ¿A vos te parece que tu papá puede estar mezquinando un chaleco? No solamente que nunca lo haría, sino que también te cuento que muchas veces le comenté y le escribí a tu mamá diciéndole que te quería llevar ropa, y que tus abuelos también te habían comprado, o que fuéramos a comprarla juntos, pero ella nunca me respondió. Tengo un mail que le mandé a tu mamá el 7/6/2016 el cual nunca me fue respondido y también mi abogado se lo hizo saber a la suya.

Pero como siempre está la posibilidad de que los mails se pierdan por el espacio, voy a aprovechar esta entrada, que es pública para todo el mundo, para dejar bien en claro una cosa: tu papá no sólo te ama y quiere compartir tiempo con vos, sino que está dispuesto a pagar no solo por toda la ropa que necesites, sino por el 100% de todos tus gastos. Y cuando digo todos me refiero a todos, y cuando digo el 100% me refiero al 100%. Y lo dejo escrito acá a modo de compromiso también. Lo único que pido es que se cumpla lo que ordena el juez, nada más y nada menos que eso. No pido más tiempo con vos que lo que el régimen de comunicación establece que, al día de hoy, sería verte los lunes y los miércoles de 17 a 20 horas y fin de semana de por medio desde el sábado a las 18 horas hasta el domingo a la misma hora, régimen que desde hace 13 meses tu mamá se encarga de incumplir sistemáticamente, a pesar del sufrimiento profundo que todos los que te queremos desinteresadamente y ponemos tu bienestar por sobre todo lo demás, sabemos que te provoca.