Las Hadas Existen

Hace unos días me encontré con una nena de 5 años que estaba disfrazada de hada. Tenía unas alitas coloridas y un vestido muy bonito. Muy entusiasmada me contó que había estado jugando con su papá y que, con ayuda de su varita y un poquito de polvo mágico, podía hacer aparecer cosas.

La miré fijamente y le dije que tenía una tarea  muy difícil y muy importante para encomendarle. Ella me miró pensativa y con una leve sonrisa en sus labios. “¿Qué tengo que hacer?”, me preguntó absorta. “Tenés que hacer aparecer a mi hijo que hace mucho que no lo veo y lo extraño mucho. Quiero llevarlo a la plaza y abrazarlo bien fuerte”, le contesté ilusionado. Entonces movió su varita, puso cara de hada, y después de unos segundos me dijo: “ahora no puedo, pero en mi casa le digo a mi mamá que me ayude y trato otra vez”.

Y así se fue la pequeña hadita, saltando feliz, con mi sueño y su alitas, y yo me quedé pensando en vos, abatido por un lado y esperanzado por el otro, confiando en que la magia de un hada pueda resolver lo que los humanos no podemos. Te extraño hijo. Cada vez falta menos.

NO TE QUIERE VER

Hola hijo, hoy es 7 de Marzo de 2018, te fui a buscar, toqué timbre, y para mi sorpresa me atendió tu mamá por el portero eléctrico. Raro, porque habitualmente me atiende tu abuela. ¿Qué le habrá pasado? En fin, lo único que atinó a decirme fue que vos no querías verme y me cortó en seco. Y pensar que hay gente que todavía sigue negando la existencia de la alienación parental.

Pero como te digo siempre, vos no te preocupes porque sé que es mentira y que te morís de ganas de estar conmigo y con tus abus.  Eso nos demostraste todos y cada uno de los días que nos vimos hasta octubre pasado, con tus gritos de alegría cuando escuchabas el timbre que tocaba papá, con tus caras de angustia cada vez que te dejaba en tu casa y con cada sonrisa y con cada abrazo que nos regalaste cada minuto que compartimos juntos. Pese a quien le pese, patalee quien patalee, la realidad es que vos amás infinitamente a tu papá, y eso nadie lo va a poder cambiar. No tengo dudas que cada vez falta menos. Te quiero hijito.

Hoy no toqué timbre

Hola hijo, hoy es 14 de febrero de 2018 y te fui a buscar a tu casa como decenas de otras veces lo había hecho. Pero a diferencia de todas las otras veces, hoy llegué hasta la puerta y no tuve fuerzas para tocar el timbre. Pude ver a través de una hendija de la persiana que la casa parecía habitada pero claramente vos no estabas adentro, tal como viene ocurriendo en los últimos 3 meses y como ocurrió en la mayoría de los fines de semana desde octubre de 2016 a la fecha.

Hoy no tuve fuerzas para tocar el timbre y bancarme a tu abuela dándome boletas para pagar y haciéndose la desentendida con la atrocidad y la injusticia que se está cometiendo. Te pido perdón si es que esperabas más de mí en este aspecto pero hoy mi cuerpo dijo basta.

Con el de hoy ya van 103 días netos de impedimento de contacto. 71 fines de semana, 18 lunes y 14 miércoles. Me pregunto si tiene sentido seguir yendo y soportando toda la situación, si está más que claro que hasta que la justicia no haga algo la realidad no va a cambiar.

Quiero verte reír, llorar y cantar. Quiero escucharte decirme Papá y que nos abracemos bien fuerte. Quiero verte correr, tropezarte y levantarte. Quiero llevarte al jardín por las mañanas y pasarte a buscar por las tardes. Quiero despertarte, hacerte el desayuno y llevarte a pasear por todos lados. Quiero bañarte, prepararte la cena, que comamos juntos y contarte un cuento diferente cada noche antes de irnos a dormir. Quiero enseñarte a tocar la guitarra, a hacer pruebas cada vez más difíciles y llevarte a conocer la cancha de Boca. Quiero llevarte a la casa de los abus, que juegues con tus primos, y quiero que vayamos a la plaza, corramos carreras y saltemos arriba de los bancos.

Como verás, no quiero nada raro, lo único que quiero es que me dejen ser tu Papá.

Tus No Vacaciones

Hola hijito, ¿cómo estás? Te quería contar que hace unos días volví de vacaciones y durante las mismas nunca dejé de pensar en vos.

La única vez que nos pudimos ir de vacaciones vos tenías solamente algunos meses de vida y todavía vivíamos todos juntos con tu mamá. Fuimos a la costa, y me acuerdo que te metimos a la pileta, te mojamos los piecitos en el mar, y también fue el momento en que empezaste a comer algo de sólido como yogur, que en ese entonces te encantaba. Luego, tanto en 2016, 2017 y 2018, ya no pudimos compartir unas vacaciones los dos juntos.

Me hubiera encantado que vinieras conmigo. ¡Te hubieras subido al avión! Con lo que te gustan no me alcanza la imaginación para vislumbrar lo que hubiera sido tu carita en la sala de espera del aeropuerto viéndolos despegar y aterrizar y, una vez arriba, sentarte, abrocharte el cinturón y ver todos los paisajes a través de la ventana.

Adonde fui había montañas y ríos. Cada sendero que caminé me lo imaginé transitándolo con vos de la mano. Subiendo, bajando, trepando, corriendo, saltando. Con lo que te gusta todo eso hubieras quedado maravillado. También hubiéramos ido a comer a restoranes. Te hubieras sentado, papi te hubiese leído el menú y hubiéramos comido cosas muy ricas. También en una de esas nos metíamos al río. El agua estaba congelada, pero seguro que nos metíamos igual. Te hubiera agarrado bien fuerte porque a pesar de tener poquita profundidad la corriente estaba bastante brava.

¿Y sabés qué? También había un parque de diversiones con juegos que te hubiesen dejado atónito. Había varios a los que podríamos haber ido juntos. ¡Cómo te hubieras reído con los autitos chocadores! Papi se hubiera sentado del lado del volante y vos a su derecha, y hubiéramos manejado por toda la pista evitando ser chocados. ¡Iban rapidísimo! También nos podíamos haber subido al barco pirata. ¿Te hubieras animado? Y también había un tobogán altísimo, que solo podían tirarse los nenes chiquitos si iban acompañados de un mayor. Hubiéramos tenido que subir una escalera alta hasta cielo, sentarnos los dos en una alfombra y tirarnos abrazándonos bien fuerte. Hubiera sido una experiencia inolvidable para ambos.

Ya van varios meses que no te veo y cada día te extraño más. Me pregunto de qué manera estarás expresando la angustia de no poder estar con tu papá y me desespero. Te quiero mucho hijito.

Cumple del Primo

Hola hijo, hoy es 2 de enero de 2018 y tu primo León cumplió 4 años. ¿Te acordás de él? Se vieron poco porque vivía afuera, y ahora que viven cerca no pueden jugar juntos. Un lástima porque tienen casi la misma edad y se llevarían muy bien.

¡No sabés qué lindo cumple de piratas que hizo! Había un montón de nenes, se dibujaron un parche en el ojo, se pusieron sombreros, buscaron tesoros, jugaron a pescar  y un montón de otras cosas más.

¡Hasta tus abuelos se disfrazaron de piratas! Hay muchas fotos así que cuando nos veamos te las voy a mostrar porque estuvieron muy divertidos.

¿Sabías que para tu cumple de un año con tu mamá compramos un montón de cosas de Jake el Pirata? Todavía recuerdo cómo mirábamos juntos ese dibujito y cómo me sabía de memoria las canciones. Aquel día de 2015 quedará en la historia como el único cumpleaños que pudiste compartir con tu familia completa, tanto del lado de mamá como del lado de papá. Luego ya nunca más pudiste pasar un cumple con tu papá ni con su familia, como si una mitad de tu identidad hubiera sido borrada de un plumazo, unilateralmente y sin tu consentimiento. ¿A vos te parece justo?

Ya hace mucho tiempo que no te veo. Me pregunto cómo estarás, cuánto habrás crecido, qué palabras nuevas estarás diciendo o si ya tendrás un lenguaje más fluido. También me pregunto si te seguirás acordando de mí, y si quedará algún lugarcito de tu corazón que no haya sido contaminado aún con mentiras y difamaciones. Te extraño cada día más, hijo. Te mando miles de abrazos a la distancia.

El último abrazo en mucho tiempo

Hola Hijito, hoy es 19 de diciembre de 2017 y es muy probable que te haya dado el último abrazo en mucho tiempo. Hoy al mediodía hubo una actividad en tu jardín con motivo del cierre del año y no me la quería perder. Apenas llegué te vi en el hall con tu mamá, tu abuela, tu tía y uno de tus primos. Te saludé desde lejos y te sonreí. Vos me viste y cruzamos miradas.

Te noté raro. Te sentí  triste, desmejorado. Ya no percibí esa alegría incontrolable que siempre tenías al verme. Fue la primera vez que realmente sentí que los efectos de la alienación parental se habían empezado a apropiar de tu persona. Como antes nos veíamos una o dos veces por semana, ese poquito tiempo servía de campo de fuerza y todo lo que escuchabas en tu casa no te hacía efecto alguno, pero como hace ya dos meses que no nos vemos, esa energía ha mermado y la mentira ha empezado a echar raíces en tu cabecita.

Cuando las autoridades del jardín me vieron me hicieron entrar a la oficina de dirección, cosa que no me gustó. Ahí me dijeron que otra vez iba a venir la policía (ya es la tercera que vez que viene al jardín) porque tu mamá no quería que yo esté ahí. No lo podía creer. Ya todos saben que estoy autorizado por el juzgado a ir a actos escolares en tu jardín, e inclusive así le siguen dando cabida a los reclamos de tu mamá. La policía vino y obviamente dijo que yo me podía quedar, que en todo caso si tu mamá tenía algún problema podía irse en cualquier momento.

La actividad consistió en una especie de búsqueda del tesoro por todo el jardín. Hubo canciones, una sección de educación física con carrera de obstáculos, y terminó en tu aula con la entrega de carpetas. En cada momento de la actividad no perdí oportunidad para mirarte, saludarte, sonreírte y gesticularte con la boca un “te quiero mucho”. Vos me observabas confundido. A cada rato me buscabas tímidamente con tu mirada, como sabiendo que estabas haciendo algo que alguien no quería que hicieras. Tardaste un tiempo, pero finalmente me saludaste desde lejos con tu manito.

Yo me sentía muy raro. Tenerte tan cerca y ni siquiera poder darte la mano era de una impotencia enorme. Hasta que en un momento no aguanté más. Mientras mirabas tu carpeta con tu mamá, tu abuela, tía y primos, me acerqué, me agaché, te agarré del brazo y te abracé bien fuerte. Y en ese momento se detuvo el mundo. No había nadie más alrededor que nosotros dos. Te dije mil veces que te quiero mucho y que papá siempre iba a estar con vos. Después me levanté, saludé a la directora y me retiré. El objetivo principal, que era que me vieras y poder saludarte, se había cumplido.

Debo reconocer que me fui destrozado. Porque cada vez veo más lejano el hecho de que tu mamá afloje y quiera que pasemos tiempo juntos. Porque también me pone muy triste que el resto de su familia avale este comportamiento obstruccionista injustificado. Porque no te vi bien y no te percibí feliz. Porque noté que tus amiguitos jugaban alegres y vos parecías como apagado. Porque tengo miedo de que la próxima vez que te vea no sea más que un extraño en tu vida. Porque me debato internamente si debo seguir haciendo estas cosas o si debo dar un paso al costado y sólo seguir con mí lucha en el campo judicial y esperar a que pasen los años para poder revincularme con vos. Porque siento a flor de piel como tu infancia se me esfuma. Porque tengo miedo de que todo esto repercuta en tu vida adulta. Porque siento culpa de que tengas que pasar por todo esto. Porque me duele y porque también veo sufrir a la gente que me quiere. Porque soy tu papá y te extraño hasta el infinito. Y porque posiblemente este haya sido el último abrazo que te pueda dar en mucho tiempo.

El Bautismo de Lorenzo. Borrando a la familia.

Hola hijo, hoy es 10 de diciembre de 2017 y fuimos al bautismo de Lorenzo. Primero fuimos a la parroquia y después al salón a comer y a festejar, porque también cumplía un añito.

Había tantos chicos que los papás alquilaron un castillo inflable. ¡No sabés como se divirtieron todos! Saltaron, corrieron y gritaron hasta las cinco de la tarde que apagaron la velita y cortaron la torta.

Yo me puse contento porque a pesar del calor y del bullicio constante pude hacer dormir a tu primito de 8 meses en mis brazos, así que corroboré que mis dotes de “duerme bebés” siguen intactos.

A todos nos hubiera encantado que compartas este día con nosotros. Había un montón de gente que hace muchísimo tiempo que no te ve y otra que ni siquiera te conoce. Abuelos, tíos, primos, sobrinos y un montón de gente que ni siquiera yo conocía. Te hubieras divertido un montón y de seguro que te hubieras quedado dormido en el auto cuando volvíamos porque hubieras quedado agotado.

Este y cada uno de los encuentros familiares que te estás perdiendo por decisión de tu mamá, son una muestra que poco a poco tu identidad está siendo robada. Tu consciencia y sentimientos están siendo manipulados, y tu cerebro cada vez recuerda menos el amor que papá y su familia te han sabido brindar siempre que tuvieron la posibilidad.

Tu derecho a compartir tiempo con tu papá y su familia está siendo ultrajado ferozmente. Toda tu familia paterna te extraña mucho y sufre tu ausencia. Queremos abrazarte y darte las toneladas de amor que tenemos guardadas para vos. Te queremos mucho hijo.

Un almuerzo como los de antes

Hola hijito, hoy es domingo 3 de diciembre de 2017 y fuimos todos a almorzar a lo de tus abuelos. ¿Te acordás cuando vos venías? La última vez que pasamos juntos un día del fin de semana fue en octubre de 2016 y vos tenías poquito más de dos años, así que posiblemente te cueste acordarte de todo lo que hacíamos. Pero no te preocupes porque cuando nos volvamos a ver, tengas la edad que tengas, entre todos te vamos a hacer acordar de cómo disfrutabas de esos momentos.

Me acuerdo que te encantaba comer lo que te cocinaba tu Abu. Tenías dos platos preferidos. Pollo o carne con puré, pero siempre con alguna salsa de crema con puerros o algo por el estilo. Comías a upa de Papá, y te gustaba tanto que si me llagaba a distraer me agarrabas del brazo y me acercabas la cuchara al plato para que te siguiera dando la comida.

La casa de los abus es muy grande, y a vos te gustaba irte por todos lados. ¿Te acordás cuando jugabas a esconder el teléfono? Agarrabas el inalámbrico y los escondías en la habitación de los abus, debajo de la cama o entre las almohadas, lo hacías sonar desde la base, y te ibas corriendo por el pasillo hasta el comedor a llamar al abuelo o a la abuela para que lo buscaran. Las caras y gestos que hacías eran hermosos y muy tiernos.

Hoy fue un almuerzo como aquellos en los que vos también venías, solo que con un poquito más de gente porque hace ya bastante que tus tíos se volvieron a vivir a Buenos Aires. Vinieron León, Borja y Cata. Les tuve que prestar algunos de tus juguetes, no te enojás, ¿no? La casa siempre tiene más vida cuando hay chicos, ruido y desorden por todos lados, pero me resulta inevitable no ponerme triste pensando que faltás vos, y es imposible no imaginarte ahí, compartiendo el domingo con todos los chicos, tíos y abuelos.

Vivir de recuerdos no es sano, hijo, hasta inclusive es demasiado triste. Pero cuando te roban un hijo o un nieto, los recuerdos son lo único que mantiene viva la esperanza del reencuentro, y por más que el camino sea doloroso, hay que levantar la frente y transitarlo.

Feliz 2018

Hola hijo, hoy es el último día del 2017 y acabo de irte a buscar a tu casa. El juez había dictaminado que tenías que estar conmigo desde hoy a las 12:00 hasta mañana en el mismo horario. Pero obviamente, al tocar el timbre lo único que escuché fueron los ladridos de Sami, y ni vos ni tu mamá ni tu abuela parecían estar adentro. Es tu cuarto año nuevo y el tercero consecutivo que pasás sin tu papá.

Mi deseo para este 2018 que arranca en escasas horas no puede ser otro que el que volvamos a estar juntos. También deseo que seas un niño feliz, que puedas progresar en tu lenguaje, que dejes los pañales, y que en el jardín hagas muchos amigos y aprendas muchas cosas nuevas.

Yo por mi parte te prometo que voy a intentar ser feliz a pesar de todo. Te prometo que no voy a bajar los brazos y que siempre voy a seguir luchando para que se haga justicia. La vida sigue y no puedo permitir que los golpes, por más duros y contundentes que sean, me detengan. Tengo muchos desafíos profesionales y personales para este año y voy a poner toda la garra del mundo para llevarlos a cabo. Sea cuando sea nuestro encuentro, quiero que sientas orgullo de tu viejo, tanto en su rol de padre como en el de persona en general.

Aprovecho también para desearles un muy buen 2018 a todos los lectores. Los que tienen a sus hijos disfrútenlos al máximo, y los que no tienen esa suerte, por favor no decaigan y piensen que el próximo año sí o sí tiene que ser mejor, pero que eso en gran medida depende de la fuerza que cada uno de ustedes le ponga.

Hijito de mi alma, donde quieras que estés, sabé que papá va a estar pensando vos. Te quiero y te extraño mucho.

La educación, la salud y el código civil

Hola hijito, aunque corro el riesgo de que te aburras un poco, hoy te quiero hablar en relación a dos artículos del código civil. El artículo 641 dice que “en caso de cese de convivencia, se presume que los actos realizados por un progenitor cuentan con la conformidad del otro, y el artículo 654 dice que cada progenitor debe informar al otro sobre cuestiones de educación, salud, y otras relativas a la persona y bienes del hijo.”

Desde el momento en que me separé de tu mamá nunca más tuve información acerca de tu salud. Nunca me han informado de tus visitas al pediatra, de tus vacunas, de tu alimentación y de nada. Muchas veces me negaron verte aludiendo que te sentías mal, pero nunca me han informado qué te sucedía ni cómo evolucionabas. He mandado varios mails y mensajes a tu mamá preguntando por tu salud, pero nunca jamás fueron respondidos. Inclusive a través de mis abogados he intentado indagar pero ni así me han respondido.

En cuanto a tu escolarización, a mí me hubiera gustado que empieces el jardín a principios de 2017, es decir, al comienzo del ciclo lectivo correspondiente a sala de tres. Se lo hice saber a tu mamá, hice extensiva mi preocupación en el juzgado, e inclusive me ocupé de buscar y averiguar distintas alternativas de escuelas las cuales se las presenté a tu mamá, pero otra vez la respuesta fue la nada absoluta. Finalmente me enteré que empezaste el jardín después de las vacaciones de invierno, en un jardín en el cual nadie me consultó si me gustaba y que, por supuesto, no participé en ninguna entrevista previa de admisión. En estos 6 meses ni tu mamá ni nadie de su familia me han informado sobre tu desempeño en la institución y nunca pude ni siquiera ver tu cuaderno de comunicaciones.

Como podés ver, hijo, saber de vos cada vez se me hace más difícil. No sólo son los temas trascendentales como nuestro vínculo los que son transgredidos, sino que al desmenuzar el código civil puedo encontrar numerosos artículos que son infringidos. ¿Qué es lo que necesita un juez para tomar decisiones que realmente impacten en la vida de un niño? ¿Cuántos artículos del código civil, cuántas veces, y por cuánto tiempo deben ser incumplidos para que algo suceda? Si algún lector conoce la respuesta, por favor avise porque mi hijo y yo estamos esperando ansiosamente el poder reencontrarnos.