La educación, la salud y el código civil

Hola hijito, aunque corro el riesgo de que te aburras un poco, hoy te quiero hablar en relación a dos artículos del código civil. El artículo 641 dice que “en caso de cese de convivencia, se presume que los actos realizados por un progenitor cuentan con la conformidad del otro, y el artículo 654 dice que cada progenitor debe informar al otro sobre cuestiones de educación, salud, y otras relativas a la persona y bienes del hijo.”

Desde el momento en que me separé de tu mamá nunca más tuve información acerca de tu salud. Nunca me han informado de tus visitas al pediatra, de tus vacunas, de tu alimentación y de nada. Muchas veces me negaron verte aludiendo que te sentías mal, pero nunca me han informado qué te sucedía ni cómo evolucionabas. He mandado varios mails y mensajes a tu mamá preguntando por tu salud, pero nunca jamás fueron respondidos. Inclusive a través de mis abogados he intentado indagar pero ni así me han respondido.

En cuanto a tu escolarización, a mí me hubiera gustado que empieces el jardín a principios de 2017, es decir, al comienzo del ciclo lectivo correspondiente a sala de tres. Se lo hice saber a tu mamá, hice extensiva mi preocupación en el juzgado, e inclusive me ocupé de buscar y averiguar distintas alternativas de escuelas las cuales se las presenté a tu mamá, pero otra vez la respuesta fue la nada absoluta. Finalmente me enteré que empezaste el jardín después de las vacaciones de invierno, en un jardín en el cual nadie me consultó si me gustaba y que, por supuesto, no participé en ninguna entrevista previa de admisión. En estos 6 meses ni tu mamá ni nadie de su familia me han informado sobre tu desempeño en la institución y nunca pude ni siquiera ver tu cuaderno de comunicaciones.

Como podés ver, hijo, saber de vos cada vez se me hace más difícil. No sólo son los temas trascendentales como nuestro vínculo los que son transgredidos, sino que al desmenuzar el código civil puedo encontrar numerosos artículos que son infringidos. ¿Qué es lo que necesita un juez para tomar decisiones que realmente impacten en la vida de un niño? ¿Cuántos artículos del código civil, cuántas veces, y por cuánto tiempo deben ser incumplidos para que algo suceda? Si algún lector conoce la respuesta, por favor avise porque mi hijo y yo estamos esperando ansiosamente el poder reencontrarnos.

Feliz Navidad

Hola hijito, hoy es tu cuarta navidad, y la tercera consecutiva que pasás sin tu papá. Quiero decirte que te extraño mucho y que en todo momento pienso en vos. Te deseo que seas el nene más feliz del mundo y que mi ausencia te afecte lo menos posible. Sos un nene muy bueno así que no tengo dudas que Papá Noel te va a traer todo lo que le pediste.

También quiero aprovechar para desearles una muy feliz navidad a todos ustedes, los lectores. Hace poco más de dos meses que empecé a publicar y ya son casi 5000 los seguidores de la página y hay infinidad de comentarios día tras día. Nunca me imaginé que lo que escribo podría tener tanta repercusión y empatía del otro lado. Brindo por todos ustedes y les agradezco de corazón que estén del otro lado. Los que tienen la dicha de tener a sus hijos cerca, les pido que los abracen el doble de fuerte para compensar todos esos abrazos que los padres impedidos de contacto no podemos dar. Gracias por todo.

Esperanzas

Hijo, ¿vos sabías que a papá nunca le gustó hacer la cama? Quizá sea porque tampoco me molesta dormir con la cama desecha, no lo sé. El tema es que los dos días por semana que en algún momento supiste venir a “casa papá”, siempre tomé el recaudo de hacer previamente la cama y acomodar todo porque no me gustaba que vieras mi habitación ni la casa desordenada. Ahora ya hace dos meses que, aunque sigo yéndote a buscar como lo dice el juez,  tu mamá impide que nos veamos. Pero debe haber algo en mí que nunca me hace perder la esperanza, porque todos lunes y todos miércoles antes de salir al trabajo jamás me olvido de hacer la cama y dejar todo ordenado, por las dudas de que por la tarde podamos estar juntos y jugar un rato.

¿Te acordás que era lo que más te gustaba comer cuando estábamos juntos? Si, los palitos salados. Siempre me aseguré de tener un paquete a mano por si en algún momento te daba hambre. He llegado a hacer malabares tremendos como tenerte a upa dentro del subte lleno de gente, y abrir el paquete con la boca mientras hacía equilibrio para no caernos, todo porque a vos se te ocurría comerlos en los lugares y momentos más extraños. El último paquete que compré lo tengo todavía en el auto. Fue el 25 de octubre de 2017. Ese día te pasé a buscar y fue el primero de esta nueva secuencia inagotable de impedimentos de contacto. Posiblemente ya esté vencido. Lo cierto es que cada vez que subo al auto lo veo, pero no me resigno a tirarlo o a comerlo. Seguramente sean esas mismas esperanzas que tengo que algún día pueda comerlo con vos, las que me disuaden a que no lo haga.

Otra cosa que me niego a sacar del auto es tu silla. De vez en cuando miro para atrás, y la veo ahí, vacía, y me acuerdo de cómo charlábamos de la vida, yo adelante y vos atrás, tomados de la mano, carcajada de por medio, y no puedo creer haber llegado a esta situación. Sacarla sería como rendirme, como asumir que ya no hay chances de que volvamos a estar juntos, y me niego rotundamente, porque la esperanza es lo último que voy dejar que abandone mi cuerpo.

Tus juegos, juguetes, pizarrón y todas tus cosas siguen en “casa papá” igual que la última vez que viniste. Es más, en este preciso instante, mientras escribo estas líneas,  veo tu estación de servicio, tus autos, tu trencito eléctrico, tu fábrica de masa y tu caja de herramientas, y las percibo entristecidas por la falta de uso, y acongojadas por el lejano recuerdo de tus manitos sobre ellas.

Por último, te quiero contar, que de la última vez que fuimos a la plaza, nos quedó sin usar una de las fichas de los juegos mecánicos. Cuando saqué las monedas del pantalón la vi ahí, gris y ranurada, y desde ese entonces la guardo como un tesoro, como símbolo de esa misma esperanza que me da fuerzas para seguir adelante. No me pienso deshacer de ella porque no tengo dudas de que algún día la vamos a volver a usar. Espero que todavía tengas edad para subirte a los juegos porque eso habrá significado que se hizo justicia, pero de no ser así, se la regalaremos a algún otro chico, y nosotros nos sentaremos a hablar de la vida como lo hacíamos antaño, y pretenderemos, a fuerza de recuerdos, intentar suplir el tiempo perdido que nos expropiaron, y así iniciar el lento e interminable proceso de cicatrización de heridas. Papá te extraña más que nunca.

Otra vez la policía. Ahora en el jardín.

Hola hijito, hoy es 9 de noviembre de 2017, y te quería contar que otra vez tu papá tuvo que pasar por una situación horrible. En la semana tu “seño” me había llamado para avisarme que ya estaban tus fotos del jardín que había encargado anteriormente, entonces esta tarde decidí pasarlas a buscar. Intento ir al menos una vez por mes al jardín para hablar con tu maestra y la directora para que me cuenten como estás, ya que es la única forma que tengo de saber de tu educación. Tu mamá no me cuenta nada y nunca pude ni siquiera acercarme a tu cuaderno de comunicaciones.

Esperé a que pasaran algunos minutos de las cuatro de la tarde para llegar porque no tenía intención de cruzarme con tu madre. Toqué timbre y me dijeron que esperara. Había bastante movimiento porque hacía unos minutos que había sido la hora de salida. Y en eso, a los pocos minutos apareciste por entre el pasillo con tu mamá. Se ve que se habían demorado en la salida porque de lo contrario ya tendrían que haberse retirado un tiempito antes. Al principio no me viste, entonces te grité y fui a tu encuentro. Me agaché y te abracé fuerte, frente a la mirada de ella y la de todos los presentes. No me pude contener. Hace tres semanas que tu mamá obstruye nuestro vínculo sin justificación alguna y necesitaba estar cerca tuyo. Lo único que atinaste a decir fue “casa papá”. Yo lo interpreté como un “rescatame Papi”  y empecé a lagrimear. No paré de besarte, abrazarte y decirte que te quiero mucho. Vos asentiste con la cabeza como diciendo: “ya lo sé Pá, quédate tranquilo”.  Habrán sido tan solo 30 segundos, no más de un minuto. Vi en tus ojos como te costaba alejarte. No lo comprendías. No entendías cómo si papá estaba ahí no te podías ir a jugar un rato con él. A pasear en tren, a la plaza, a manejar su auto, a cantar, a dibujar o a lo que sea.

Yo me quedé adentro y ustedes salieron. Mientras esperaba a la directora para que me diera las fotos, vi por la ventana que llegaba un patrullero y se armaba un poco de revuelo afuera. Al parecer tu mamá había llamado a la policía. Evidentemente no le alcanza con el hecho de impedir ilegítimamente nuestro vínculo, sino que también pareciera que quiere verme preso. Porque te repito, lo único que hice fue abrazarte y decirte que te quiero mucho, a ella no le dirigí la palabra, es más, ni siquiera la miré. Es cierto, como vos sabés, existe una orden de alejamiento hacia ella por una denuncia falsa de amenazas, pero tu papá presentó todos los papeles en el jardín donde se aclara que en pos del interés superior del niño puedo asistir a la institución cuando lo desee para participar activamente de tu educación. ¿Pero cómo le hacés entender eso al policía prepotente que te viene a arrestar, sin conocer nada de la situación?

Un uniformado ingresó a la escuela y vino hacia mí. “Lo tengo que llevar demorado”, me dijo. Intenté explicarle pero era como hablarle a una pared. Finalmente la directora pudo interceder y lograron convencerlo, pero se retiró amenazante diciendo que la próxima me iba a llevar detenido.

Una vez más me sentí perseguido, discriminado y desprotegido. Ya perdí la cuenta de las veces que en estos últimos dos años me trataron como si fuera un delincuente. Por momentos pienso que no se puede vivir así por el desgaste emocional que implica. Pero olvidarme de vos no es una opción así que tengo que sacar fuerzas de donde pueda para no aflojar. Te quiero mucho hijo. Quiero verte, escucharte, abrazarte bien fuerte. Me gustaría estar presente en cada una de las cosas que hacés y al lado tuyo en cada paso que das, pero lamentablemente tu mamá está empecinada en no permitírmelo. Por favor se fuerte y aguantá que en algún momento Papá lo va a solucionar.

Mi hijo, el fanático de los trenes

Hijo mío, apasionado por los trenes, o por los “chuchú”, como al menos les decías hasta la última vez que te vi, te quiero contar que todos los sábados a la mañana voy caminando desde mi casa hasta el Parque Rivadavia, y cada vez que cruzo las vías por la calle Ambrosetti, me detengo en ese monumental aglomerado de rieles de acero y no puedo evitar pensar en vos. Me encantaría hacer ese mismo trayecto tomados de la mano, porque sé que con Papá te encanta caminar largas distancias sin cansarte, y que nos detengamos sobre el puente a mirar desde las alturas ese paisaje ferroviario y el ir y venir de los vagones, mientras respiramos el aire urbano, cruzamos miradas cómplices y hablamos de todo un poco.

De bien chiquito te empezaron a gustar los trenes. Ni gateabas todavía y ya te habíamos regalado una locomotora que iba y venía por todo el departamento. Un tiempo después, cuando me separé de tu mamá y todavía nos veíamos, no pasaba día en que no me pidieras que te lleve a pasear en uno o simplemente ir a verlos pasar a la estación. No dejamos subte ni tren por conocer. Disfrutabas de cada instante del recorrido. Bajar la escalera, pasar la SUBE, traspasar el molinete, sentarnos a esperar, subirnos, apretujarnos entre las personas, comer unos palitos durante el viaje, bajarnos y luego regresar a nuestro punto de partida.

Te gustan tantos los trenes que un día se me ocurrió regalarte uno eléctrico. Armé las vías, conecté todo, y cuando llegaste a casa y lo viste te volviste loco de la emoción. Tengo filmado ese momento de alegría y exaltación, con vos accionando la palanca de velocidades y viendo a la formación trasladarse de un lado al otro del circuito. También, los tenés tan incorporados, que cada vez que cruzábamos un paso a nivel con el auto se te iluminaban los ojos de emoción y se te dibujaba una sonrisa hermosa en la cara, mientras señalabas las barreras con tu manito y me decías “Papá, chuchú”.

Lo cierto es, hijito mío, que cada día que pasa se me hace más difícil estar alejado de vos. La incertidumbre de no saber cuándo te voy a volver a ver es desesperante. En todo lo que hago te veo reflejado, y todo lo que emprendo lo hago para que algún día tengas la posibilidad de sentirte orgulloso del papá que no te dejaron disfrutar. Te extraño mucho.

Cumple Abu

Hola hijito. Hoy es 17 de octubre de 2017 y hoy tu abu cumple 63 años. A todos nos hubiese gustado verte, en especial a ella. Tu abuela te quiere mucho y toda esta situación la tiene muy mal. ¿A qué abuela no le gustaría pasar su cumpleaños rodeada de todos sus nietos?

Pero vos quedate tranquilo que ella sabe muy bien que vos también la querés mucho y que te hubiese encantado estar con ella en este día, pero que lamentablemente tu mamá no te lo permitió. Todavía me acuerdo de su emoción el día que le dijiste “abu” por primera vez.

La verdad que ligaste una abuela súper especial. ¿Qué nene tiene una abuela que corretea a la par de un niño? ¿Qué nene tiene una abuela que juega a la pelota como un mediocampista más? ¿Qué nene tiene una abuela que sube y baja la rampa del estacionamiento al son de su sonrisa disparatada? ¿Qué nene tiene una abu que baila, pinta, arma torres y le cuenta cuentos? Sos un privilegiado hijo, y yo me doy cuenta que vos sos consciente de eso, porque cada uno de los encuentros con tus abuelos los exprimís al máximo y los dejás de cama.

Pero qué triste es que tu mamá también se esté apropiando de tu legítimo derecho de compartir tiempo con ellos. Qué injusto es que te quieran sustraer la mitad de tu historia y robar parte de tu identidad como persona. Qué impotencia me da conocer un montón de chicos que les encantaría poder tener abuelos y no los tienen, y vos que los tenés no los puedas disfrutar como te lo merecés.

Ah! Y hablando de a abuelos, nietos e identidades sustraídas, te quería contar que tenés un primito nuevo. En realidad ya tiene 7 meses pero lamentablemente vos todavía no lo conocés y andá a saber cuánto tiempo pasará hasta que lo conozcas. Tus tíos le pusieron un nombre medio raro, pero no importa, nosotros lo queremos igual y se muere de ganas por conocerte. Tu otro primo también te extraña. Ya posiblemente casi ni te acuerdes de él, pero tiene tu misma edad y es una pena que no puedan crecer juntos porque serían muy buenos compinches.

Toda tu familia paterna te extraña mucho hijo. Todos te tenemos presente en todo momento y todos queremos que pases tiempo con nosotros. No veo la hora de que eso llegue. Te quiero y te extraño mucho.

Impedimentos y Código Civil

Hola hijito, hoy es 20 de noviembre de 2017 y como todos los lunes a las 17 horas te fui a buscar a tu casa, pero otra vez tu mamá impidió ilegítimamente nuestro encuentro. Hoy se cumple un mes desde la última vez que te vi, y es el impedimento de contacto número 73 desde que empezó el juicio. Ya van 57 fines de semana seguidos y 16 días de semana en los que te voy a buscar como dice el régimen de comunicación del juzgado, pero que por excusas tan diversas como absurdas tu mamá impide que nos veamos.

Los incumplimientos empezaron en octubre de 2016. En ese entonces la abogada de tu mamá informó a la mía que los domingos ibas a empezar a tomar clases de educación física con tu tío. ¿Podés creerlo? Seguramente no, pero por suerte tengo el mail que lo corrobora. Muchos otros domingos directamente no hubo nadie en la casa, así que en varios de ellos fui a hacer la denuncia correspondiente a la comisaría y en otras ocasiones fui con un escribano para que labrara un acta de lo sucedido, porque tu mamá atinó a decir que era yo el que no te iba a buscar. Después hubo otras excusas como que te llevaron al médico, al psicólogo o que directamente te fuiste con tu mamá y un sinfín de otras justificaciones desatinadas. Y hoy por hoy, es tal la impunidad con la que se maneja, que llegamos a un caso como el de hace unas horas en el que toqué timbre, atendió el portero eléctrico y al escuchar mi nombre colgó, mientras yo escuchaba tu voz y los ladridos de Sami dentro de la casa. Por un instante pensé en gritarte para que reconocieras mi voz y sepas que no me olvidé de vos, pero finalmente opté por no hacerlo porque pensé que te iba someter a una angustia mayor si sabías que estaba afuera y tu mamá no te permitía irte conmigo. Volví a tocar el timbre en reiteradas ocasiones durante la media hora siguiente pero nunca más me contestó, entonces me retiré, triste, indignado y embroncado, mientras te seguía escuchando adentro.

El artículo 646 del código civil dice que “Son deberes de los progenitores respetar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos, otros parientes, o personas con las cuales el niño tenga vínculo afectivo.” El artículo 652 dice que “en el supuesto de cuidado personal atribuido a uno de los progenitores, el otro tiene derecho y el deber de fluida comunicación con el hijo”. Y el artículo 653 dice que “en el supuesto que el cuidado personal deba ser unipersonal, el juez debe priorizar al progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro”.

Ahora yo me pregunto, ¿no es suficiente todo esto para que el juez tome una decisión categórica? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que sufrir esta situación? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que seguir soportando que te alejen de tu Papá y de toda su familia? ¿Cuánto más grande tiene que ser la herida, y cuánto más irreparable tiene que ser el daño para que lo hagan? Cómo ves, hijito querido, el problema de este país no es tanto la falta de leyes, sino la escasez de personas que tengan el coraje para hacerlas cumplir.

La Música como quimera del encuentro

Hijo, como ya sabés, a Papá le gusta mucho la música. De hecho, en gran medida vos estás acá por ella, y en particular por el punk rock. Si no me provocara tanta pasión, nunca hubiera tenido un blog, y sin el nunca me hubiera cruzado con tu madre.

Estando en la panza de mamá fuiste a ver a Bad Religion al Malvinas. Para cuando seas grande la banda posiblemente haya dejado de tocar, pero al menos te quedará esa linda anécdota para contarle a tus amigos. De bebé, cuando todavía vivíamos los tres juntos (y con Sami, por supuesto), te solía hacer dormir en mis brazos, boca abajo, dándote palmaditas en la cola y susurrándote muchas canciones del punk nacional. Flema y Superuva recuerdo que te cantaba mucho. El linyera, Tanto tiempo, El Blanco cristal, Hoy no me voy a bañar, Remeras rockeras, son todas canciones que en algún lugar lejano de tu cerebro las tenés que tener guardadas, junto con mi voz y el calor de mis brazos.

Cuando me separé de tu mamá, ella se quedó con un montón de objetos personales míos. Guitarras, bajo, amplificador, documentos, llaves del auto, ropa, bicicleta, computadora, etc. Si bien fue una actitud horrible, lo material, y quienes me conocen lo saben, es algo que no me preocupa demasiado. Pero había algo entre todo eso que me sustrajo que me dolió porque tenía un valor emocional enorme, que era mi colección de cds. 90% discos de punk rock de todas las latitudes que fui juntando por más de 20 años. Imposible valorizarla. Ella lo sabía y por eso lo hizo, para golpearme duro. No me duele tanto por el objeto ni la música en sí. Ya me amigué con spotify y en breve quizás me compre un reproductor de vinilos para canalizar ese gusto tonto por comprar discos. Me duele mucho más otra cosa. Soñaba, y se lo había contado a tu mamá, escucharlos con vos, uno a uno y repetirlos infinitas veces, comentarlos, charlarlos, debatirlos y transmitirte todo lo que la música logra provocar en mí. Contarte de recitales, de las bandas en las que toqué, de Cemento, de Die Schule. Imaginaba noches de insomnio escuchando juntos a los Ramones, a La Polla Records, a Rancid y a Social Distortion. Cuando todavía hablaba con tu mamá le pedí por favor que no se deshiciera de ellos, que te los guardara a vos, pero la verdad es que no sé qué habrá hecho. Alguna que otra vez te pregunté si los habías visto, pero hasta el momento no me supiste responder.

En “casa abu” te encanta tocar el piano. Te sentás en el banquito y tocas por todo el teclado, desde las teclas más agudas hasta las más graves. Creo que ya ponés las manos mejor que yo. “Tiene manos de pianista” han dicho por ahí. En “casa papá” hace tiempo que tenés tu mini guitarra y tu ukelele, este último azul, del mismo color que mi guitarra, y cuando nos dan ganas tocamos juntos y ponemos el pie arriba del puff así parecemos más cancheros. Para el día del niño te regalé un micrófono que te vuelve loco, cantamos de todo, sí, aunque no digas muchas palabras te encanta cantar. La vaca estudiosa de Maria Elena Walsh la cantás de principio a fin. Te tengo filmado, así que cuando crezcas te lo voy a mostrar. Espero que cuando seas un poquito más grande podamos tocar juntos, a dúo o con alguna banda. Y ojalá que salgas buen cantante porque yo apesto.

No sé cuantos años tendrás cuando leas esto, ni en qué estado estará nuestra relación, porque ya ni de la justicia dependemos, sino de la voluntad de tu mamá. Pero quiero que sepas que tengamos la edad que tengamos, siempre te voy a estar esperando con la guitarra o el bajo afinados, listo para abrazarte fuerte y tocar y cantar alguna de aquellas canciones que te susurraba al oído de bebé, e imaginar juntos que el tiempo que nos han robado no tiene importancia, y que desde ese momento, una vida hermosa nos espera.

Ropa y Pago de Alimentos

Hola Hijito. Hoy es lunes 1 de noviembre de 2017 y otra vez te fui a buscar a tu casa a las 17 horas, como todos los lunes. Otra vez pasaron dos semanas sin verte y nuestros encuentros cada vez son más espaciados. Toqué el timbre y me atendió tu abuela. “Se fue con la mamá” me dijo.

En primer lugar, para hablar con propiedad, me gustaría decirle a tu abuela que no te fuiste con tu mamá, sino que tu mamá te llevó con ella. ¿Se entiende la diferencia? Claro, tenés tres años y mucha resistencia no podés oponer. Y en segundo lugar, me gustaría decirle a tu mamá que cuando un juez dictamina que un padre tiene que estar con su hijo tales días y tales horarios, ella debe cumplirlo y de ninguna manera puede disponer del niño a su voluntad, como si fuera un objeto o un ente vacío de sentimientos. A mí me hace mucho daño, realmente me hiere, pero a vos te causa el mismo detrimento emocional, solo que vos no lo podés exteriorizar, y quizá eso inclusive resulte peor.

El brevísimo intercambio de palabras continuó de la siguiente manera. “Vos te quedaste con un chaleco del nene, te pido que lo traigas”.

Hijo de mi alma. ¿A vos te parece que tu papá puede estar mezquinando un chaleco? No solamente que nunca lo haría, sino que también te cuento que muchas veces le comenté y le escribí a tu mamá diciéndole que te quería llevar ropa, y que tus abuelos también te habían comprado, o que fuéramos a comprarla juntos, pero ella nunca me respondió. Tengo un mail que le mandé a tu mamá el 7/6/2016 el cual nunca me fue respondido y también mi abogado se lo hizo saber a la suya.

Pero como siempre está la posibilidad de que los mails se pierdan por el espacio, voy a aprovechar esta entrada, que es pública para todo el mundo, para dejar bien en claro una cosa: tu papá no sólo te ama y quiere compartir tiempo con vos, sino que está dispuesto a pagar no solo por toda la ropa que necesites, sino por el 100% de todos tus gastos. Y cuando digo todos me refiero a todos, y cuando digo el 100% me refiero al 100%. Y lo dejo escrito acá a modo de compromiso también. Lo único que pido es que se cumpla lo que ordena el juez, nada más y nada menos que eso. No pido más tiempo con vos que lo que el régimen de comunicación establece que, al día de hoy, sería verte los lunes y los miércoles de 17 a 20 horas y fin de semana de por medio desde el sábado a las 18 horas hasta el domingo a la misma hora, régimen que desde hace 13 meses tu mamá se encarga de incumplir sistemáticamente, a pesar del sufrimiento profundo que todos los que te queremos desinteresadamente y ponemos tu bienestar por sobre todo lo demás, sabemos que te provoca.

El presagio se cumplió: La denuncia de abuso

Mi abogado me lo advirtió: “Esto es de manual. Primero te hacen una denuncia por violencia, y al tiempo te hacen la de abuso.”

¿Sabés que hizo tu mamá cuando se enteró que el juzgado nos otorgó el pernocte? A los dos días de ser notificada fue a hacerme una denuncia por abuso sexual. Sí, tu mamá dice que yo abuso sexualmente de vos. ¿Podés creerlo? Dijo cosas horribles, ¿sabías? Dijo que cuando volvés de estar conmigo agarrás un muñeco y hacés como si estuvieras teniendo relaciones sexuales. También dijo que te ponés la cuchara entre las piernas y que se la ponés a tus muñecos. Y también dijo que tenés pesadillas en las que, estando dormido, gritás “no papá, no papá”. Y por supuesto, le pidió expresamente al juez que interrumpa toda comunicación entre nosotros.

¿Pero no te parece raro que justo lo haya hecho dos días después de enterarse de la novedad? ¿No te da la sensación de que lo hace para continuar obstruyendo nuestra relación? Porque, ¿sabés lo que pasa en este país cuando una mamá denuncia a un papá? Automáticamente el papá se transforma en culpable sin ningún tipo de prueba en su contra. Sí, tan solo con el relato unilateral de la mamá, sin ni siquiera averiguar nada, aunque no lo creas. Pero cuando un papá denuncia a una mamá, inclusive con pruebas, a nadie le importa y nadie hace nada, como ya te conté y demostré unas entradas anteriores a esta.

Qué lástima que todavía no hables mucho. Qué lástima que no le puedas relatar a tu mamá cómo nos divertimos juntos. Qué lástima que no le puedas contar que cuando estamos juntos sos el nene más feliz del mundo. Qué lástima que no le puedas detallar cada una de las cosas que hacemos, y lo valiente y audaz que te sentís cuando estás conmigo. Qué lástima que no puedas explicarle que estar con tu papá te reconforta y que necesitás de su compañía.

Pero por suerte, y gracias al año y medio de irregularidades e incumplimientos que viene acumulando tu mamá en el juicio civil, el juzgado no dictaminó ninguna medida cautelar para interrumpir nuestro vínculo, aunque de eso se iba a seguir ocupando ella sola, violando todo tipo de medida judicial.

¿Quizás te quieras preguntar cómo me siento? ¿Qué te puedo decir?  Me siento de la única forma que se puede sentir un papá cuando denuncian que abusa sexualmente de su hijo de 3 años, a quien ama profundamente y por el cual dejaría, y está dejando, toda su vida. Posiblemente haya pocos sentimientos que ni la prosa del mejor escritor del mundo puedan describir, pero sin dudas éste debe ser uno de ellos. Se me revuelven las entrañas de sólo pensarlo. Siento rabia, angustia, impotencia, desazón.

Pero vos no te preocupes hijo, que papá es fuerte y no habrá nada que lo tumbe. Puede que alguna vez el golpe sea tan duro que lo notes tambaleante, pero el amor y la responsabilidad que siento por vos  son tan fuertes que nunca van a permitir que baje los brazos.