Impedimentos y Código Civil

Hola hijito, hoy es 20 de noviembre de 2017 y como todos los lunes a las 17 horas te fui a buscar a tu casa, pero otra vez tu mamá impidió ilegítimamente nuestro encuentro. Hoy se cumple un mes desde la última vez que te vi, y es el impedimento de contacto número 73 desde que empezó el juicio. Ya van 57 fines de semana seguidos y 16 días de semana en los que te voy a buscar como dice el régimen de comunicación del juzgado, pero que por excusas tan diversas como absurdas tu mamá impide que nos veamos.

Los incumplimientos empezaron en octubre de 2016. En ese entonces la abogada de tu mamá informó a la mía que los domingos ibas a empezar a tomar clases de educación física con tu tío. ¿Podés creerlo? Seguramente no, pero por suerte tengo el mail que lo corrobora. Muchos otros domingos directamente no hubo nadie en la casa, así que en varios de ellos fui a hacer la denuncia correspondiente a la comisaría y en otras ocasiones fui con un escribano para que labrara un acta de lo sucedido, porque tu mamá atinó a decir que era yo el que no te iba a buscar. Después hubo otras excusas como que te llevaron al médico, al psicólogo o que directamente te fuiste con tu mamá y un sinfín de otras justificaciones desatinadas. Y hoy por hoy, es tal la impunidad con la que se maneja, que llegamos a un caso como el de hace unas horas en el que toqué timbre, atendió el portero eléctrico y al escuchar mi nombre colgó, mientras yo escuchaba tu voz y los ladridos de Sami dentro de la casa. Por un instante pensé en gritarte para que reconocieras mi voz y sepas que no me olvidé de vos, pero finalmente opté por no hacerlo porque pensé que te iba someter a una angustia mayor si sabías que estaba afuera y tu mamá no te permitía irte conmigo. Volví a tocar el timbre en reiteradas ocasiones durante la media hora siguiente pero nunca más me contestó, entonces me retiré, triste, indignado y embroncado, mientras te seguía escuchando adentro.

El artículo 646 del código civil dice que “Son deberes de los progenitores respetar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos, otros parientes, o personas con las cuales el niño tenga vínculo afectivo.” El artículo 652 dice que “en el supuesto de cuidado personal atribuido a uno de los progenitores, el otro tiene derecho y el deber de fluida comunicación con el hijo”. Y el artículo 653 dice que “en el supuesto que el cuidado personal deba ser unipersonal, el juez debe priorizar al progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro”.

Ahora yo me pregunto, ¿no es suficiente todo esto para que el juez tome una decisión categórica? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que sufrir esta situación? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que seguir soportando que te alejen de tu Papá y de toda su familia? ¿Cuánto más grande tiene que ser la herida, y cuánto más irreparable tiene que ser el daño para que lo hagan? Cómo ves, hijito querido, el problema de este país no es tanto la falta de leyes, sino la escasez de personas que tengan el coraje para hacerlas cumplir.

Tu cumpleaños y día del Padre

Hoy es 18 de junio de 2017. Es domingo, es el día del padre y es tu cumpleaños número tres.  El último domingo que te vi fue el 16 de Octubre del año pasado. Hoy se cumplen 35 domingos que voy a buscarte y tu mamá impide que vengas conmigo, como así lo estipula el convenio homologado que ella misma firmó el 16 de febrero de 2016, y cuya ampliación volvió a firmar el 6 de abril de ese mismo año.

Entonces, como todos los domingos, fui a buscarte. El año pasado no pude compartir tu cumpleaños con vos porque cayó sábado, y los sábados no tenemos régimen de comunicación (así se llama técnicamente). Entonces, este cumple, que caía domingo y que encima era el día del padre, no cabía ninguna duda que lo tenías que pasar conmigo. Claro, ¿cómo no ibas a pasar el día del padre con tu papá? Entiendo que también era tu cumple, pero como el año pasado lo habías pasado con tu mamá, era obvio que este año lo tenías que pasar conmigo. O, en es su defecto, un rato con mamá y otro rato con papá, ¿no te parece? Creo que ese sería el pensamiento de cualquier  persona de bien y de cualquier mamá que pone los derechos de su hijo por encima de cualquier otra cosa.

Pero como sabrás, hijo, las mezquindades y miserias otra vez volvieron a interponerse por sobre  tus derechos, y por segundo año consecutivo no pudiste pasar tu cumpleaños con tu papá y su familia, y por primera vez te quedaste sin saludar a tu viejo en su día, como cualquier hijo lo hubiese deseado.  ¿Viste que injusta que es la vida? Ya desde chiquito te toca darte cuenta.

A las 12 del mediodía, tal cual lo indica el régimen homologado, me presenté con una escribana en tu casa. Como era una fecha súper especial quería que quede todo certificado. Toqué el portero eléctrico y a través de él tu madre respondió literalmente: “hoy no te corresponde, no hay ningún convenio homologado sobre los domingos”, vil mentira porque ella misma lo firmó frente a mis narices, la de los letrados de ambas partes y la de la secretaria del juzgado, y del cual todos tenemos copia. Al instante, se abrió la ventana y se asomó tu abuela, quien se identificó ante la escribana y dijo: “Los domingos no te lo podés llevar, agradecé que lo ves los lunes y los miércoles. No hagas escándalo porque lo dejaste en la calle.” Quizá tu abuela se olvida de que no sos un objeto, y que no puede disponer de tu tiempo como si fueras de su propiedad. Quizá no se dan cuenta que con esas actitudes te lastiman y te hieren tanto o más de lo que me lastiman a mí o a tus abuelos paternos. Quizá tampoco se dan cuenta que no solo no te dejé en la calle sino que tanto vos como tu mamá y tu abuela  viven en una casa de mi propiedad y por la cual pago todos los gastos, en la cual yo sólo pude vivir un mes. Quizá el odio injustificado y desmedido  las enceguece, pero lo cierto es que es algo que yo no te puedo responder y que en algún momento vos solo te vas a encargar de preguntar.

Pero por suerte  quedó  todo registrado por la escribana en un acta notarial. No porque la justicia vaya a hacer algo. Si bien todo se presentó en el juzgado, ya no tengo esperanzas de que tomen alguna medida para que tu madre cumpla con lo establecido. Digo por suerte, porque cuando crezcas y preguntes, no solo será la palabra de tu madre contra la mía, sino que también habrá un acta escrita por una escribana y entonces se te hará más fácil entender algunas cosas y sacar tus propias conclusiones.