Mi hijo y El Gauchito

Hijo, ¿vos sabías que gracias vos conocí al Gauchito Gil? Es decir, ya conocía su imagen y había visto infinidad de santuarios por todo el país, pero nunca se me había ocurrido leer acerca de su historia hasta que lo empezamos a frecuentar juntos.

Una de las plazas a la que más veces te llevé fue el Parque Los Andes, y en ese parque, además de calesitas y un montón de otros juegos, hay un santuario bastante grande del Gauchito Gil. Entonces, un día tomamos coraje y decidimos entrar. Tomados de la mano, silenciosos y con movimientos lentos nos fuimos acercando hasta ingresar. Una vez dentro vimos su figura grande e imponente, junto con decenas de velas rojas y otras ofrendas como bebidas alcohólicas, paquetes de yerba y cigarrillos. Nos llamó mucho la atención y nos dio mucha intriga por qué lo venía a venerar tanta gente.

Y así fue como todas las veces que volvimos a esa plaza pasamos a saludarlo. Algunas veces te lo sugería yo, y otras veces directamente me lo pedías vos. Y una vez le prendimos una vela, ¿te acordás?

Me pregunto qué pensará ahora el Gauchito que hace ya varios meses que no lo pasamos a saludar. ¿Pensará que nos olvidamos de él? ¿Pensará que nos mudamos a otra ciudad? ¿Qué pensará de ese nene y ese papá que siempre pasaban a verlo felices de la vida y que de un día para el otro dejaron de hacerlo? Lo único que sé, hijito, es que te prometo que vamos a ir a averiguarlo juntos, tengas la edad que tengas. Y, si el Gauchito nos da una mano para que sea más pronto que tarde, se lo vamos a agradecer mucho. Te quiero y te extraño cada día más.

Cumple del Primo

Hola hijo, hoy es 2 de enero de 2018 y tu primo León cumplió 4 años. ¿Te acordás de él? Se vieron poco porque vivía afuera, y ahora que viven cerca no pueden jugar juntos. Un lástima porque tienen casi la misma edad y se llevarían muy bien.

¡No sabés qué lindo cumple de piratas que hizo! Había un montón de nenes, se dibujaron un parche en el ojo, se pusieron sombreros, buscaron tesoros, jugaron a pescar  y un montón de otras cosas más.

¡Hasta tus abuelos se disfrazaron de piratas! Hay muchas fotos así que cuando nos veamos te las voy a mostrar porque estuvieron muy divertidos.

¿Sabías que para tu cumple de un año con tu mamá compramos un montón de cosas de Jake el Pirata? Todavía recuerdo cómo mirábamos juntos ese dibujito y cómo me sabía de memoria las canciones. Aquel día de 2015 quedará en la historia como el único cumpleaños que pudiste compartir con tu familia completa, tanto del lado de mamá como del lado de papá. Luego ya nunca más pudiste pasar un cumple con tu papá ni con su familia, como si una mitad de tu identidad hubiera sido borrada de un plumazo, unilateralmente y sin tu consentimiento. ¿A vos te parece justo?

Ya hace mucho tiempo que no te veo. Me pregunto cómo estarás, cuánto habrás crecido, qué palabras nuevas estarás diciendo o si ya tendrás un lenguaje más fluido. También me pregunto si te seguirás acordando de mí, y si quedará algún lugarcito de tu corazón que no haya sido contaminado aún con mentiras y difamaciones. Te extraño cada día más, hijo. Te mando miles de abrazos a la distancia.

El último abrazo en mucho tiempo

Hola Hijito, hoy es 19 de diciembre de 2017 y es muy probable que te haya dado el último abrazo en mucho tiempo. Hoy al mediodía hubo una actividad en tu jardín con motivo del cierre del año y no me la quería perder. Apenas llegué te vi en el hall con tu mamá, tu abuela, tu tía y uno de tus primos. Te saludé desde lejos y te sonreí. Vos me viste y cruzamos miradas.

Te noté raro. Te sentí  triste, desmejorado. Ya no percibí esa alegría incontrolable que siempre tenías al verme. Fue la primera vez que realmente sentí que los efectos de la alienación parental se habían empezado a apropiar de tu persona. Como antes nos veíamos una o dos veces por semana, ese poquito tiempo servía de campo de fuerza y todo lo que escuchabas en tu casa no te hacía efecto alguno, pero como hace ya dos meses que no nos vemos, esa energía ha mermado y la mentira ha empezado a echar raíces en tu cabecita.

Cuando las autoridades del jardín me vieron me hicieron entrar a la oficina de dirección, cosa que no me gustó. Ahí me dijeron que otra vez iba a venir la policía (ya es la tercera que vez que viene al jardín) porque tu mamá no quería que yo esté ahí. No lo podía creer. Ya todos saben que estoy autorizado por el juzgado a ir a actos escolares en tu jardín, e inclusive así le siguen dando cabida a los reclamos de tu mamá. La policía vino y obviamente dijo que yo me podía quedar, que en todo caso si tu mamá tenía algún problema podía irse en cualquier momento.

La actividad consistió en una especie de búsqueda del tesoro por todo el jardín. Hubo canciones, una sección de educación física con carrera de obstáculos, y terminó en tu aula con la entrega de carpetas. En cada momento de la actividad no perdí oportunidad para mirarte, saludarte, sonreírte y gesticularte con la boca un “te quiero mucho”. Vos me observabas confundido. A cada rato me buscabas tímidamente con tu mirada, como sabiendo que estabas haciendo algo que alguien no quería que hicieras. Tardaste un tiempo, pero finalmente me saludaste desde lejos con tu manito.

Yo me sentía muy raro. Tenerte tan cerca y ni siquiera poder darte la mano era de una impotencia enorme. Hasta que en un momento no aguanté más. Mientras mirabas tu carpeta con tu mamá, tu abuela, tía y primos, me acerqué, me agaché, te agarré del brazo y te abracé bien fuerte. Y en ese momento se detuvo el mundo. No había nadie más alrededor que nosotros dos. Te dije mil veces que te quiero mucho y que papá siempre iba a estar con vos. Después me levanté, saludé a la directora y me retiré. El objetivo principal, que era que me vieras y poder saludarte, se había cumplido.

Debo reconocer que me fui destrozado. Porque cada vez veo más lejano el hecho de que tu mamá afloje y quiera que pasemos tiempo juntos. Porque también me pone muy triste que el resto de su familia avale este comportamiento obstruccionista injustificado. Porque no te vi bien y no te percibí feliz. Porque noté que tus amiguitos jugaban alegres y vos parecías como apagado. Porque tengo miedo de que la próxima vez que te vea no sea más que un extraño en tu vida. Porque me debato internamente si debo seguir haciendo estas cosas o si debo dar un paso al costado y sólo seguir con mí lucha en el campo judicial y esperar a que pasen los años para poder revincularme con vos. Porque siento a flor de piel como tu infancia se me esfuma. Porque tengo miedo de que todo esto repercuta en tu vida adulta. Porque siento culpa de que tengas que pasar por todo esto. Porque me duele y porque también veo sufrir a la gente que me quiere. Porque soy tu papá y te extraño hasta el infinito. Y porque posiblemente este haya sido el último abrazo que te pueda dar en mucho tiempo.

El Bautismo de Lorenzo. Borrando a la familia.

Hola hijo, hoy es 10 de diciembre de 2017 y fuimos al bautismo de Lorenzo. Primero fuimos a la parroquia y después al salón a comer y a festejar, porque también cumplía un añito.

Había tantos chicos que los papás alquilaron un castillo inflable. ¡No sabés como se divirtieron todos! Saltaron, corrieron y gritaron hasta las cinco de la tarde que apagaron la velita y cortaron la torta.

Yo me puse contento porque a pesar del calor y del bullicio constante pude hacer dormir a tu primito de 8 meses en mis brazos, así que corroboré que mis dotes de “duerme bebés” siguen intactos.

A todos nos hubiera encantado que compartas este día con nosotros. Había un montón de gente que hace muchísimo tiempo que no te ve y otra que ni siquiera te conoce. Abuelos, tíos, primos, sobrinos y un montón de gente que ni siquiera yo conocía. Te hubieras divertido un montón y de seguro que te hubieras quedado dormido en el auto cuando volvíamos porque hubieras quedado agotado.

Este y cada uno de los encuentros familiares que te estás perdiendo por decisión de tu mamá, son una muestra que poco a poco tu identidad está siendo robada. Tu consciencia y sentimientos están siendo manipulados, y tu cerebro cada vez recuerda menos el amor que papá y su familia te han sabido brindar siempre que tuvieron la posibilidad.

Tu derecho a compartir tiempo con tu papá y su familia está siendo ultrajado ferozmente. Toda tu familia paterna te extraña mucho y sufre tu ausencia. Queremos abrazarte y darte las toneladas de amor que tenemos guardadas para vos. Te queremos mucho hijo.

Mi primera reunión de padres, y otra vez la policía.

Hola hijito, hoy es 24 de Noviembre 2017 y tuve la experiencia de participar de mi primera reunión de padres en tu jardín. Hace tiempo que tu seño me había avisado, así que por las dudas yo pedí en el juzgado que me dieran una autorización explícita para poder asistir, sabiendo de antemano que podía pasar cualquier cosa.

Y así fue como cinco minutos antes de la hora de inicio la directora me llamó y me pidió muy amablemente si podía ir otro día para evitar inconvenientes, porque tu mamá había llegado antes y había presentado no sé qué papeles para que yo no pudiera concurrir. A lo cual yo le respondí que no, que no sólo tengo el derecho legítimo como padre, sino que también tenía la autorización del juzgado.

Estuve 15 minutos afuera hasta que repentinamente llegó la policía. También salió la directora, explicó la situación y yo exhibí mi autorización a los tres uniformados, quienes después de leerla dieron el visto bueno para que yo ingresara. La directora me acompañó hasta tu aula y me senté en una de las sillitas, que posiblemente vos hayas usado más de una vez. ¿A vos te parece que tenga que venir la policía para que tu papá participe de una reunión de padres?

A tu mamá no la vi en ningún momento pero me enteré que se fue enojada y amenazó a la directora con sacarte de la institución. Cabe aclarar que yo no tenía ningún problema en compartir la sala con ella, creo que los dos tenemos derecho y debemos comportarnos civilizadamente. Es una pena que ella lo tome de esta manera porque nos terminamos perjudicando todos, inclusive los otros nenes del jardín que tienen que ver llegar a la policía y no deben entender el  por qué.

En la reunión tu seño nos contó un poco sobre las actividades que estuvieron realizando durante el año y nos proyectaron un video donde te pude ver muy contento jugando y compartiendo con tus amiguitos. Al finalizar nos dieron los informes y todos los papás y mamás se encontraron con sus hijos, a excepción mía, claro, porque obviamente no te habían llevado para evitar que estuvieras conmigo. Qué actitud sumamente egoísta, ¿no creés? Que todos tus compañeritos tengan esa alegría de encontrarse con sus padres en el aula donde juegan todos los días, menos vos que te lo perdiste.

Saludé a tu maestra y a la directora y me volví caminando al trabajo con un sentimiento de alivio. Primero porque no dejé avasallar mis derechos como papá, y segundo porque al menos por unos minutos tuve la posibilidad de sentirme un papá normal, como cualquier otro que asiste a una reunión de padres en el colegio de su hijo. Ya para cuando termine de escribir este texto y lo guarde para publicarlo más adelante, seguramente habré tomado consciencia que sigo sin verte y que cada día que pasa es una puntada más en la espalda que se me suma. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que podamos volver a vernos y tener una relación de padre a hijo como la que ambos nos merecemos?

Un almuerzo como los de antes

Hola hijito, hoy es domingo 3 de diciembre de 2017 y fuimos todos a almorzar a lo de tus abuelos. ¿Te acordás cuando vos venías? La última vez que pasamos juntos un día del fin de semana fue en octubre de 2016 y vos tenías poquito más de dos años, así que posiblemente te cueste acordarte de todo lo que hacíamos. Pero no te preocupes porque cuando nos volvamos a ver, tengas la edad que tengas, entre todos te vamos a hacer acordar de cómo disfrutabas de esos momentos.

Me acuerdo que te encantaba comer lo que te cocinaba tu Abu. Tenías dos platos preferidos. Pollo o carne con puré, pero siempre con alguna salsa de crema con puerros o algo por el estilo. Comías a upa de Papá, y te gustaba tanto que si me llagaba a distraer me agarrabas del brazo y me acercabas la cuchara al plato para que te siguiera dando la comida.

La casa de los abus es muy grande, y a vos te gustaba irte por todos lados. ¿Te acordás cuando jugabas a esconder el teléfono? Agarrabas el inalámbrico y los escondías en la habitación de los abus, debajo de la cama o entre las almohadas, lo hacías sonar desde la base, y te ibas corriendo por el pasillo hasta el comedor a llamar al abuelo o a la abuela para que lo buscaran. Las caras y gestos que hacías eran hermosos y muy tiernos.

Hoy fue un almuerzo como aquellos en los que vos también venías, solo que con un poquito más de gente porque hace ya bastante que tus tíos se volvieron a vivir a Buenos Aires. Vinieron León, Borja y Cata. Les tuve que prestar algunos de tus juguetes, no te enojás, ¿no? La casa siempre tiene más vida cuando hay chicos, ruido y desorden por todos lados, pero me resulta inevitable no ponerme triste pensando que faltás vos, y es imposible no imaginarte ahí, compartiendo el domingo con todos los chicos, tíos y abuelos.

Vivir de recuerdos no es sano, hijo, hasta inclusive es demasiado triste. Pero cuando te roban un hijo o un nieto, los recuerdos son lo único que mantiene viva la esperanza del reencuentro, y por más que el camino sea doloroso, hay que levantar la frente y transitarlo.

Feliz Navidad

Hola hijito, hoy es tu cuarta navidad, y la tercera consecutiva que pasás sin tu papá. Quiero decirte que te extraño mucho y que en todo momento pienso en vos. Te deseo que seas el nene más feliz del mundo y que mi ausencia te afecte lo menos posible. Sos un nene muy bueno así que no tengo dudas que Papá Noel te va a traer todo lo que le pediste.

También quiero aprovechar para desearles una muy feliz navidad a todos ustedes, los lectores. Hace poco más de dos meses que empecé a publicar y ya son casi 5000 los seguidores de la página y hay infinidad de comentarios día tras día. Nunca me imaginé que lo que escribo podría tener tanta repercusión y empatía del otro lado. Brindo por todos ustedes y les agradezco de corazón que estén del otro lado. Los que tienen la dicha de tener a sus hijos cerca, les pido que los abracen el doble de fuerte para compensar todos esos abrazos que los padres impedidos de contacto no podemos dar. Gracias por todo.

Otra vez la policía. Ahora en el jardín.

Hola hijito, hoy es 9 de noviembre de 2017, y te quería contar que otra vez tu papá tuvo que pasar por una situación horrible. En la semana tu “seño” me había llamado para avisarme que ya estaban tus fotos del jardín que había encargado anteriormente, entonces esta tarde decidí pasarlas a buscar. Intento ir al menos una vez por mes al jardín para hablar con tu maestra y la directora para que me cuenten como estás, ya que es la única forma que tengo de saber de tu educación. Tu mamá no me cuenta nada y nunca pude ni siquiera acercarme a tu cuaderno de comunicaciones.

Esperé a que pasaran algunos minutos de las cuatro de la tarde para llegar porque no tenía intención de cruzarme con tu madre. Toqué timbre y me dijeron que esperara. Había bastante movimiento porque hacía unos minutos que había sido la hora de salida. Y en eso, a los pocos minutos apareciste por entre el pasillo con tu mamá. Se ve que se habían demorado en la salida porque de lo contrario ya tendrían que haberse retirado un tiempito antes. Al principio no me viste, entonces te grité y fui a tu encuentro. Me agaché y te abracé fuerte, frente a la mirada de ella y la de todos los presentes. No me pude contener. Hace tres semanas que tu mamá obstruye nuestro vínculo sin justificación alguna y necesitaba estar cerca tuyo. Lo único que atinaste a decir fue “casa papá”. Yo lo interpreté como un “rescatame Papi”  y empecé a lagrimear. No paré de besarte, abrazarte y decirte que te quiero mucho. Vos asentiste con la cabeza como diciendo: “ya lo sé Pá, quédate tranquilo”.  Habrán sido tan solo 30 segundos, no más de un minuto. Vi en tus ojos como te costaba alejarte. No lo comprendías. No entendías cómo si papá estaba ahí no te podías ir a jugar un rato con él. A pasear en tren, a la plaza, a manejar su auto, a cantar, a dibujar o a lo que sea.

Yo me quedé adentro y ustedes salieron. Mientras esperaba a la directora para que me diera las fotos, vi por la ventana que llegaba un patrullero y se armaba un poco de revuelo afuera. Al parecer tu mamá había llamado a la policía. Evidentemente no le alcanza con el hecho de impedir ilegítimamente nuestro vínculo, sino que también pareciera que quiere verme preso. Porque te repito, lo único que hice fue abrazarte y decirte que te quiero mucho, a ella no le dirigí la palabra, es más, ni siquiera la miré. Es cierto, como vos sabés, existe una orden de alejamiento hacia ella por una denuncia falsa de amenazas, pero tu papá presentó todos los papeles en el jardín donde se aclara que en pos del interés superior del niño puedo asistir a la institución cuando lo desee para participar activamente de tu educación. ¿Pero cómo le hacés entender eso al policía prepotente que te viene a arrestar, sin conocer nada de la situación?

Un uniformado ingresó a la escuela y vino hacia mí. “Lo tengo que llevar demorado”, me dijo. Intenté explicarle pero era como hablarle a una pared. Finalmente la directora pudo interceder y lograron convencerlo, pero se retiró amenazante diciendo que la próxima me iba a llevar detenido.

Una vez más me sentí perseguido, discriminado y desprotegido. Ya perdí la cuenta de las veces que en estos últimos dos años me trataron como si fuera un delincuente. Por momentos pienso que no se puede vivir así por el desgaste emocional que implica. Pero olvidarme de vos no es una opción así que tengo que sacar fuerzas de donde pueda para no aflojar. Te quiero mucho hijo. Quiero verte, escucharte, abrazarte bien fuerte. Me gustaría estar presente en cada una de las cosas que hacés y al lado tuyo en cada paso que das, pero lamentablemente tu mamá está empecinada en no permitírmelo. Por favor se fuerte y aguantá que en algún momento Papá lo va a solucionar.

Mi hijo, el fanático de los trenes

Hijo mío, apasionado por los trenes, o por los “chuchú”, como al menos les decías hasta la última vez que te vi, te quiero contar que todos los sábados a la mañana voy caminando desde mi casa hasta el Parque Rivadavia, y cada vez que cruzo las vías por la calle Ambrosetti, me detengo en ese monumental aglomerado de rieles de acero y no puedo evitar pensar en vos. Me encantaría hacer ese mismo trayecto tomados de la mano, porque sé que con Papá te encanta caminar largas distancias sin cansarte, y que nos detengamos sobre el puente a mirar desde las alturas ese paisaje ferroviario y el ir y venir de los vagones, mientras respiramos el aire urbano, cruzamos miradas cómplices y hablamos de todo un poco.

De bien chiquito te empezaron a gustar los trenes. Ni gateabas todavía y ya te habíamos regalado una locomotora que iba y venía por todo el departamento. Un tiempo después, cuando me separé de tu mamá y todavía nos veíamos, no pasaba día en que no me pidieras que te lleve a pasear en uno o simplemente ir a verlos pasar a la estación. No dejamos subte ni tren por conocer. Disfrutabas de cada instante del recorrido. Bajar la escalera, pasar la SUBE, traspasar el molinete, sentarnos a esperar, subirnos, apretujarnos entre las personas, comer unos palitos durante el viaje, bajarnos y luego regresar a nuestro punto de partida.

Te gustan tantos los trenes que un día se me ocurrió regalarte uno eléctrico. Armé las vías, conecté todo, y cuando llegaste a casa y lo viste te volviste loco de la emoción. Tengo filmado ese momento de alegría y exaltación, con vos accionando la palanca de velocidades y viendo a la formación trasladarse de un lado al otro del circuito. También, los tenés tan incorporados, que cada vez que cruzábamos un paso a nivel con el auto se te iluminaban los ojos de emoción y se te dibujaba una sonrisa hermosa en la cara, mientras señalabas las barreras con tu manito y me decías “Papá, chuchú”.

Lo cierto es, hijito mío, que cada día que pasa se me hace más difícil estar alejado de vos. La incertidumbre de no saber cuándo te voy a volver a ver es desesperante. En todo lo que hago te veo reflejado, y todo lo que emprendo lo hago para que algún día tengas la posibilidad de sentirte orgulloso del papá que no te dejaron disfrutar. Te extraño mucho.

Cumple Abu

Hola hijito. Hoy es 17 de octubre de 2017 y hoy tu abu cumple 63 años. A todos nos hubiese gustado verte, en especial a ella. Tu abuela te quiere mucho y toda esta situación la tiene muy mal. ¿A qué abuela no le gustaría pasar su cumpleaños rodeada de todos sus nietos?

Pero vos quedate tranquilo que ella sabe muy bien que vos también la querés mucho y que te hubiese encantado estar con ella en este día, pero que lamentablemente tu mamá no te lo permitió. Todavía me acuerdo de su emoción el día que le dijiste “abu” por primera vez.

La verdad que ligaste una abuela súper especial. ¿Qué nene tiene una abuela que corretea a la par de un niño? ¿Qué nene tiene una abuela que juega a la pelota como un mediocampista más? ¿Qué nene tiene una abuela que sube y baja la rampa del estacionamiento al son de su sonrisa disparatada? ¿Qué nene tiene una abu que baila, pinta, arma torres y le cuenta cuentos? Sos un privilegiado hijo, y yo me doy cuenta que vos sos consciente de eso, porque cada uno de los encuentros con tus abuelos los exprimís al máximo y los dejás de cama.

Pero qué triste es que tu mamá también se esté apropiando de tu legítimo derecho de compartir tiempo con ellos. Qué injusto es que te quieran sustraer la mitad de tu historia y robar parte de tu identidad como persona. Qué impotencia me da conocer un montón de chicos que les encantaría poder tener abuelos y no los tienen, y vos que los tenés no los puedas disfrutar como te lo merecés.

Ah! Y hablando de a abuelos, nietos e identidades sustraídas, te quería contar que tenés un primito nuevo. En realidad ya tiene 7 meses pero lamentablemente vos todavía no lo conocés y andá a saber cuánto tiempo pasará hasta que lo conozcas. Tus tíos le pusieron un nombre medio raro, pero no importa, nosotros lo queremos igual y se muere de ganas por conocerte. Tu otro primo también te extraña. Ya posiblemente casi ni te acuerdes de él, pero tiene tu misma edad y es una pena que no puedan crecer juntos porque serían muy buenos compinches.

Toda tu familia paterna te extraña mucho hijo. Todos te tenemos presente en todo momento y todos queremos que pases tiempo con nosotros. No veo la hora de que eso llegue. Te quiero y te extraño mucho.