Una Justicia para mamá, otra para papá (parte 2)

Hola hijo, hoy te quiero contar un poco más acerca de las diferencias en el accionar de la justicia en temas de familia, es decir, cómo este organismo adopta un criterio para las madres y otro diferente para los padres.

Para el 4 de Octubre de 2016 nos convocaron a tu mamá y a mí a una audiencia en el juzgado para tratar temas de régimen de comunicación y pago de alimentos, pero tu madre no se presentó, sin justificación alguna. Nos volvieron a convocar para el 14  de Junio de 2017 (sí, 8 meses después, viste como son los tiempos de la justicia, ¿no?), pero tu madre, otra vez, incompareció. Sin embargo, esta vez presentó un certificado médico. Nuevamente nos volvieron a convocar para el 30 de Junio, pero otra vez tu madre no se presentó, esta vez, al igual que en octubre del año pasado, sin justificación alguna.

¿Querés que te cuente por qué no se presentó? Por un lado hay un tema económico importante que quiere evitar afrontar a toda costa, pero prefiero no ahondar en esos detalles porque no es el foco de este escrito. Pero el otro motivo por el cual evitó presentarse en las audiencias es porque la secretaria del juez dijo que íbamos a fijar un pernocte (te ibas a empezar a quedar a dormir en mi casa), y ella eso no lo quiere bajo ningún punto de vista. Ella no quiere que pases tiempo conmigo y lo demuestra en cada una de las acciones que lleva a cabo. Ella piensa que sos una “cosa” de su propiedad. Ella piensa que no tenés derecho a pasar tiempo con papá, ni con tus abus, ni con tus tíos ni primos paternos. ¿Qué otra cosa justificaría su obrar tan mezquino y aberrante?

En paralelo, también nos convocaron tres veces del cuerpo médico forense para evaluar temas de vínculos y relaciones familiares. Tendríamos que haber ido los tres, pero tu mamá, obviamente, nunca se presentó. La primera fue el 28 de diciembre de 2016, la segunda el 24 de abril de 2017 y la tercera el 21 de junio de 2017. Todas sin justificación alguna. ¿Querés que te cuente por qué no fue? Quizá porque hubiera quedado en evidencia que vos te morís de ganas de pasar más tiempo conmigo. O que cada vez que me ves corrés desesperado a abrazarme gritando papá. Pero devuelta, no son cuestiones en las que me quiera explayar en este posteo.

En resumen, no se presentó a 6 instancias judiciales, 5 de ellas sin justificación, y a nadie le importó y nunca recibió ni recibirá ningún castigo por ello.

Por otro lado, en una de las tantas falsas denuncias que tu madre me hizo, me citaron a declarar a una fiscalía. Esto fue el 16 de mayo de 2016. Ese día tenía un compromiso laboral importante y pedí por escrito que se cambiara la fecha. No supe nada hasta el 5 de junio a las 6 AM cuando me tocó el timbre un policía diciendo que tenía una orden judicial para llevarme a la fiscalía. Así fue como cuatro policías (sí, cuatro) me esperaron en la puerta de mi edificio y me llevaron a declarar por la fuerza. Como un delincuente. Faltó que me esposaran y que me encapucharan la cabeza, pero me hicieron sentir horrible.

¿A esto le llaman justicia? ¿A esto le llaman igualdad de género? ¿Te das cuenta las diferencias que hace la justicia entre una mamá y un papá? Todo está tergiversado. Todo está desvirtuado. Somos culpables porque sí. Somos culpables tan solo por ser padres. Ojalá que para cuando te toque ser padre todo esto haya cambiado.

Impedimentos y Código Civil

Hola hijito, hoy es 20 de noviembre de 2017 y como todos los lunes a las 17 horas te fui a buscar a tu casa, pero otra vez tu mamá impidió ilegítimamente nuestro encuentro. Hoy se cumple un mes desde la última vez que te vi, y es el impedimento de contacto número 73 desde que empezó el juicio. Ya van 57 fines de semana seguidos y 16 días de semana en los que te voy a buscar como dice el régimen de comunicación del juzgado, pero que por excusas tan diversas como absurdas tu mamá impide que nos veamos.

Los incumplimientos empezaron en octubre de 2016. En ese entonces la abogada de tu mamá informó a la mía que los domingos ibas a empezar a tomar clases de educación física con tu tío. ¿Podés creerlo? Seguramente no, pero por suerte tengo el mail que lo corrobora. Muchos otros domingos directamente no hubo nadie en la casa, así que en varios de ellos fui a hacer la denuncia correspondiente a la comisaría y en otras ocasiones fui con un escribano para que labrara un acta de lo sucedido, porque tu mamá atinó a decir que era yo el que no te iba a buscar. Después hubo otras excusas como que te llevaron al médico, al psicólogo o que directamente te fuiste con tu mamá y un sinfín de otras justificaciones desatinadas. Y hoy por hoy, es tal la impunidad con la que se maneja, que llegamos a un caso como el de hace unas horas en el que toqué timbre, atendió el portero eléctrico y al escuchar mi nombre colgó, mientras yo escuchaba tu voz y los ladridos de Sami dentro de la casa. Por un instante pensé en gritarte para que reconocieras mi voz y sepas que no me olvidé de vos, pero finalmente opté por no hacerlo porque pensé que te iba someter a una angustia mayor si sabías que estaba afuera y tu mamá no te permitía irte conmigo. Volví a tocar el timbre en reiteradas ocasiones durante la media hora siguiente pero nunca más me contestó, entonces me retiré, triste, indignado y embroncado, mientras te seguía escuchando adentro.

El artículo 646 del código civil dice que “Son deberes de los progenitores respetar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos, otros parientes, o personas con las cuales el niño tenga vínculo afectivo.” El artículo 652 dice que “en el supuesto de cuidado personal atribuido a uno de los progenitores, el otro tiene derecho y el deber de fluida comunicación con el hijo”. Y el artículo 653 dice que “en el supuesto que el cuidado personal deba ser unipersonal, el juez debe priorizar al progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro”.

Ahora yo me pregunto, ¿no es suficiente todo esto para que el juez tome una decisión categórica? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que sufrir esta situación? ¿Por cuánto más tiempo vas a tener que seguir soportando que te alejen de tu Papá y de toda su familia? ¿Cuánto más grande tiene que ser la herida, y cuánto más irreparable tiene que ser el daño para que lo hagan? Cómo ves, hijito querido, el problema de este país no es tanto la falta de leyes, sino la escasez de personas que tengan el coraje para hacerlas cumplir.

La Música como quimera del encuentro

Hijo, como ya sabés, a Papá le gusta mucho la música. De hecho, en gran medida vos estás acá por ella, y en particular por el punk rock. Si no me provocara tanta pasión, nunca hubiera tenido un blog, y sin el nunca me hubiera cruzado con tu madre.

Estando en la panza de mamá fuiste a ver a Bad Religion al Malvinas. Para cuando seas grande la banda posiblemente haya dejado de tocar, pero al menos te quedará esa linda anécdota para contarle a tus amigos. De bebé, cuando todavía vivíamos los tres juntos (y con Sami, por supuesto), te solía hacer dormir en mis brazos, boca abajo, dándote palmaditas en la cola y susurrándote muchas canciones del punk nacional. Flema y Superuva recuerdo que te cantaba mucho. El linyera, Tanto tiempo, El Blanco cristal, Hoy no me voy a bañar, Remeras rockeras, son todas canciones que en algún lugar lejano de tu cerebro las tenés que tener guardadas, junto con mi voz y el calor de mis brazos.

Cuando me separé de tu mamá, ella se quedó con un montón de objetos personales míos. Guitarras, bajo, amplificador, documentos, llaves del auto, ropa, bicicleta, computadora, etc. Si bien fue una actitud horrible, lo material, y quienes me conocen lo saben, es algo que no me preocupa demasiado. Pero había algo entre todo eso que me sustrajo que me dolió porque tenía un valor emocional enorme, que era mi colección de cds. 90% discos de punk rock de todas las latitudes que fui juntando por más de 20 años. Imposible valorizarla. Ella lo sabía y por eso lo hizo, para golpearme duro. No me duele tanto por el objeto ni la música en sí. Ya me amigué con spotify y en breve quizás me compre un reproductor de vinilos para canalizar ese gusto tonto por comprar discos. Me duele mucho más otra cosa. Soñaba, y se lo había contado a tu mamá, escucharlos con vos, uno a uno y repetirlos infinitas veces, comentarlos, charlarlos, debatirlos y transmitirte todo lo que la música logra provocar en mí. Contarte de recitales, de las bandas en las que toqué, de Cemento, de Die Schule. Imaginaba noches de insomnio escuchando juntos a los Ramones, a La Polla Records, a Rancid y a Social Distortion. Cuando todavía hablaba con tu mamá le pedí por favor que no se deshiciera de ellos, que te los guardara a vos, pero la verdad es que no sé qué habrá hecho. Alguna que otra vez te pregunté si los habías visto, pero hasta el momento no me supiste responder.

En “casa abu” te encanta tocar el piano. Te sentás en el banquito y tocas por todo el teclado, desde las teclas más agudas hasta las más graves. Creo que ya ponés las manos mejor que yo. “Tiene manos de pianista” han dicho por ahí. En “casa papá” hace tiempo que tenés tu mini guitarra y tu ukelele, este último azul, del mismo color que mi guitarra, y cuando nos dan ganas tocamos juntos y ponemos el pie arriba del puff así parecemos más cancheros. Para el día del niño te regalé un micrófono que te vuelve loco, cantamos de todo, sí, aunque no digas muchas palabras te encanta cantar. La vaca estudiosa de Maria Elena Walsh la cantás de principio a fin. Te tengo filmado, así que cuando crezcas te lo voy a mostrar. Espero que cuando seas un poquito más grande podamos tocar juntos, a dúo o con alguna banda. Y ojalá que salgas buen cantante porque yo apesto.

No sé cuantos años tendrás cuando leas esto, ni en qué estado estará nuestra relación, porque ya ni de la justicia dependemos, sino de la voluntad de tu mamá. Pero quiero que sepas que tengamos la edad que tengamos, siempre te voy a estar esperando con la guitarra o el bajo afinados, listo para abrazarte fuerte y tocar y cantar alguna de aquellas canciones que te susurraba al oído de bebé, e imaginar juntos que el tiempo que nos han robado no tiene importancia, y que desde ese momento, una vida hermosa nos espera.

Ropa y Pago de Alimentos

Hola Hijito. Hoy es lunes 1 de noviembre de 2017 y otra vez te fui a buscar a tu casa a las 17 horas, como todos los lunes. Otra vez pasaron dos semanas sin verte y nuestros encuentros cada vez son más espaciados. Toqué el timbre y me atendió tu abuela. “Se fue con la mamá” me dijo.

En primer lugar, para hablar con propiedad, me gustaría decirle a tu abuela que no te fuiste con tu mamá, sino que tu mamá te llevó con ella. ¿Se entiende la diferencia? Claro, tenés tres años y mucha resistencia no podés oponer. Y en segundo lugar, me gustaría decirle a tu mamá que cuando un juez dictamina que un padre tiene que estar con su hijo tales días y tales horarios, ella debe cumplirlo y de ninguna manera puede disponer del niño a su voluntad, como si fuera un objeto o un ente vacío de sentimientos. A mí me hace mucho daño, realmente me hiere, pero a vos te causa el mismo detrimento emocional, solo que vos no lo podés exteriorizar, y quizá eso inclusive resulte peor.

El brevísimo intercambio de palabras continuó de la siguiente manera. “Vos te quedaste con un chaleco del nene, te pido que lo traigas”.

Hijo de mi alma. ¿A vos te parece que tu papá puede estar mezquinando un chaleco? No solamente que nunca lo haría, sino que también te cuento que muchas veces le comenté y le escribí a tu mamá diciéndole que te quería llevar ropa, y que tus abuelos también te habían comprado, o que fuéramos a comprarla juntos, pero ella nunca me respondió. Tengo un mail que le mandé a tu mamá el 7/6/2016 el cual nunca me fue respondido y también mi abogado se lo hizo saber a la suya.

Pero como siempre está la posibilidad de que los mails se pierdan por el espacio, voy a aprovechar esta entrada, que es pública para todo el mundo, para dejar bien en claro una cosa: tu papá no sólo te ama y quiere compartir tiempo con vos, sino que está dispuesto a pagar no solo por toda la ropa que necesites, sino por el 100% de todos tus gastos. Y cuando digo todos me refiero a todos, y cuando digo el 100% me refiero al 100%. Y lo dejo escrito acá a modo de compromiso también. Lo único que pido es que se cumpla lo que ordena el juez, nada más y nada menos que eso. No pido más tiempo con vos que lo que el régimen de comunicación establece que, al día de hoy, sería verte los lunes y los miércoles de 17 a 20 horas y fin de semana de por medio desde el sábado a las 18 horas hasta el domingo a la misma hora, régimen que desde hace 13 meses tu mamá se encarga de incumplir sistemáticamente, a pesar del sufrimiento profundo que todos los que te queremos desinteresadamente y ponemos tu bienestar por sobre todo lo demás, sabemos que te provoca.

Cámara gesell y la discriminación en la justicia

Si bien con la denuncia de abuso el juzgado civil no decidió interrumpir nuestra comunicación, el juez de la parte penal decidió convocarte a una cámara Gesell para el viernes 8 de septiembre de 2017.  Llegamos antes que vos, con mi abogado y el perito de parte.

Esperamos algunos minutos y por el pasillo escuché tu voz. Me vieron tu madre y su amiga, pero vos no llegaste a verme porque se apuraron a llevarte a otra sala de espera para evitar que lo hicieras. No vaya a ser que al verme imploraras quedarte conmigo y se cayera más de una careta, ¿no?

Tu madre no dio la cara, pero la amiga empezó a los gritos a decir que yo no podía estar presente. Mi abogado intentó poner calma aclarando que yo no tenía ningún impedimento para estar ahí, que como padre tenía todo el derecho.

Al cabo de unos minutos se apersonó la psicóloga encargada de la realización de la cámara y comentó que era cierto, que yo no tenía ningún impedimento para estar ahí. Que lo más común era que el imputado esté impedido, pero que no era mi caso. No obstante, me solicitó que pusiera buena voluntad y me retirara, porque tu mamá no quería que yo estuviese presente.

No lo podía creer. La misma empleada del organismo de justicia, en vez de hacer prevalecer mi derecho me pidió por favor que me retirara. Tenía dos alternativas, quedarme y poner en riesgo la realización de la cámara (cosa que yo no quería, porque lo que más deseaba era que se hiciera y que no diera ningún signo de abuso), o bien agachar la cabeza, masticar la calentura y retirarme para lograr que se lleve a cabo la acción. Y finalmente eso fue lo que hice, con toda la bronca del mundo. Tu mamá, su amiga, mi abogado y los psicólogos se quedaron, pero yo me tuve que ir, sin ni siquiera poder saludarte.

Finalmente la cámara de todas formas no se pudo hacer porque vos no quisiste entrar a la habitación. El perito me contó que cuando te intentaban convencer para que entraras me nombraste. Y no pude evitar pensar que me necesitaste. Que ante el miedo a lo desconocido me buscaste. Porque cuando estás conmigo sos un nene audaz e intrépido que no le teme a nada. Porque sabés que cuando estás con papá no hay nada de qué preocuparse. Porque el amor de un padre puede con cualquier cosa que se le interponga en su camino, y eso lo percibís en todos nuestros encuentros, por más cortos o espaciados que sean.

Una vez más me sentí discriminado. Como hombre y como padre. Una vez más la justicia hizo diferencias entre una mamá y un papá. Creo que la actitud de la psicóloga del cuerpo médico debería haber sido la de explicarle a tu mamá que yo tenía el derecho de estar presente y en todo caso pedirle a tu madre que sea ella quien pusiera la buena voluntad, y no pedirme a mí que me retirara. ¿No te parece más lógico? Yo solo quería acompañarte en ese momento  porque, si tu mamá dice que estás siendo abusado y yo no soy el abusador, entonces o bien se trata de una mentira o bien si su sospecha es cierta quizá esté abusando de vos alguien de su entorno. Pero eso a nadie le importa. Ni a ella ni a la justicia, que es la única responsable de apañar y no castigar estos hechos.

 

El presagio se cumplió: La denuncia de abuso

Mi abogado me lo advirtió: “Esto es de manual. Primero te hacen una denuncia por violencia, y al tiempo te hacen la de abuso.”

¿Sabés que hizo tu mamá cuando se enteró que el juzgado nos otorgó el pernocte? A los dos días de ser notificada fue a hacerme una denuncia por abuso sexual. Sí, tu mamá dice que yo abuso sexualmente de vos. ¿Podés creerlo? Dijo cosas horribles, ¿sabías? Dijo que cuando volvés de estar conmigo agarrás un muñeco y hacés como si estuvieras teniendo relaciones sexuales. También dijo que te ponés la cuchara entre las piernas y que se la ponés a tus muñecos. Y también dijo que tenés pesadillas en las que, estando dormido, gritás “no papá, no papá”. Y por supuesto, le pidió expresamente al juez que interrumpa toda comunicación entre nosotros.

¿Pero no te parece raro que justo lo haya hecho dos días después de enterarse de la novedad? ¿No te da la sensación de que lo hace para continuar obstruyendo nuestra relación? Porque, ¿sabés lo que pasa en este país cuando una mamá denuncia a un papá? Automáticamente el papá se transforma en culpable sin ningún tipo de prueba en su contra. Sí, tan solo con el relato unilateral de la mamá, sin ni siquiera averiguar nada, aunque no lo creas. Pero cuando un papá denuncia a una mamá, inclusive con pruebas, a nadie le importa y nadie hace nada, como ya te conté y demostré unas entradas anteriores a esta.

Qué lástima que todavía no hables mucho. Qué lástima que no le puedas relatar a tu mamá cómo nos divertimos juntos. Qué lástima que no le puedas contar que cuando estamos juntos sos el nene más feliz del mundo. Qué lástima que no le puedas detallar cada una de las cosas que hacemos, y lo valiente y audaz que te sentís cuando estás conmigo. Qué lástima que no puedas explicarle que estar con tu papá te reconforta y que necesitás de su compañía.

Pero por suerte, y gracias al año y medio de irregularidades e incumplimientos que viene acumulando tu mamá en el juicio civil, el juzgado no dictaminó ninguna medida cautelar para interrumpir nuestro vínculo, aunque de eso se iba a seguir ocupando ella sola, violando todo tipo de medida judicial.

¿Quizás te quieras preguntar cómo me siento? ¿Qué te puedo decir?  Me siento de la única forma que se puede sentir un papá cuando denuncian que abusa sexualmente de su hijo de 3 años, a quien ama profundamente y por el cual dejaría, y está dejando, toda su vida. Posiblemente haya pocos sentimientos que ni la prosa del mejor escritor del mundo puedan describir, pero sin dudas éste debe ser uno de ellos. Se me revuelven las entrañas de sólo pensarlo. Siento rabia, angustia, impotencia, desazón.

Pero vos no te preocupes hijo, que papá es fuerte y no habrá nada que lo tumbe. Puede que alguna vez el golpe sea tan duro que lo notes tambaleante, pero el amor y la responsabilidad que siento por vos  son tan fuertes que nunca van a permitir que baje los brazos.

El Pernocte

Hoy es 4 de Julio de 2017. Hoy lloré. Lloré mucho. No por angustia y tristeza como en otras ocasiones. Esta vez fue por emoción y, posiblemente, también por desahogo. Después de 9 meses de haberlo solicitado, el juzgado dictaminó a mi favor la ampliación del régimen de comunicación y, a partir de ahora, te vas a poder quedar a dormir en “casa Papá” un fin de semana de por medio. Apenas me enteré de la noticia llamé a Pocha y a tu abuela, y apenas terminé la segunda llamada no pude contener el llanto. Fue largo, interminable, profundo, entrecortado, tosco. Yo sabía internamente que tu madre no lo iba a cumplir y que esto empeoraría las cosas (porque cada vez que el juzgado dictamina algo a mi favor ella monta en cólera y toma represalias), pero en ese instante fui feliz y ese sentimiento no me lo robó nadie. Porque los sentimientos son ingobernables, indomables y nunca nadie me los podrá apropiar, como sí me están  apropiando tu infancia y tu compañía.

Pocos días después empezaría una nueva pesadilla. Pero de eso te voy a contar en la próxima entrada.

Tu cumpleaños y día del Padre

Hoy es 18 de junio de 2017. Es domingo, es el día del padre y es tu cumpleaños número tres.  El último domingo que te vi fue el 16 de Octubre del año pasado. Hoy se cumplen 35 domingos que voy a buscarte y tu mamá impide que vengas conmigo, como así lo estipula el convenio homologado que ella misma firmó el 16 de febrero de 2016, y cuya ampliación volvió a firmar el 6 de abril de ese mismo año.

Entonces, como todos los domingos, fui a buscarte. El año pasado no pude compartir tu cumpleaños con vos porque cayó sábado, y los sábados no tenemos régimen de comunicación (así se llama técnicamente). Entonces, este cumple, que caía domingo y que encima era el día del padre, no cabía ninguna duda que lo tenías que pasar conmigo. Claro, ¿cómo no ibas a pasar el día del padre con tu papá? Entiendo que también era tu cumple, pero como el año pasado lo habías pasado con tu mamá, era obvio que este año lo tenías que pasar conmigo. O, en es su defecto, un rato con mamá y otro rato con papá, ¿no te parece? Creo que ese sería el pensamiento de cualquier  persona de bien y de cualquier mamá que pone los derechos de su hijo por encima de cualquier otra cosa.

Pero como sabrás, hijo, las mezquindades y miserias otra vez volvieron a interponerse por sobre  tus derechos, y por segundo año consecutivo no pudiste pasar tu cumpleaños con tu papá y su familia, y por primera vez te quedaste sin saludar a tu viejo en su día, como cualquier hijo lo hubiese deseado.  ¿Viste que injusta que es la vida? Ya desde chiquito te toca darte cuenta.

A las 12 del mediodía, tal cual lo indica el régimen homologado, me presenté con una escribana en tu casa. Como era una fecha súper especial quería que quede todo certificado. Toqué el portero eléctrico y a través de él tu madre respondió literalmente: “hoy no te corresponde, no hay ningún convenio homologado sobre los domingos”, vil mentira porque ella misma lo firmó frente a mis narices, la de los letrados de ambas partes y la de la secretaria del juzgado, y del cual todos tenemos copia. Al instante, se abrió la ventana y se asomó tu abuela, quien se identificó ante la escribana y dijo: “Los domingos no te lo podés llevar, agradecé que lo ves los lunes y los miércoles. No hagas escándalo porque lo dejaste en la calle.” Quizá tu abuela se olvida de que no sos un objeto, y que no puede disponer de tu tiempo como si fueras de su propiedad. Quizá no se dan cuenta que con esas actitudes te lastiman y te hieren tanto o más de lo que me lastiman a mí o a tus abuelos paternos. Quizá tampoco se dan cuenta que no solo no te dejé en la calle sino que tanto vos como tu mamá y tu abuela  viven en una casa de mi propiedad y por la cual pago todos los gastos, en la cual yo sólo pude vivir un mes. Quizá el odio injustificado y desmedido  las enceguece, pero lo cierto es que es algo que yo no te puedo responder y que en algún momento vos solo te vas a encargar de preguntar.

Pero por suerte  quedó  todo registrado por la escribana en un acta notarial. No porque la justicia vaya a hacer algo. Si bien todo se presentó en el juzgado, ya no tengo esperanzas de que tomen alguna medida para que tu madre cumpla con lo establecido. Digo por suerte, porque cuando crezcas y preguntes, no solo será la palabra de tu madre contra la mía, sino que también habrá un acta escrita por una escribana y entonces se te hará más fácil entender algunas cosas y sacar tus propias conclusiones.

Una Justicia para mamá, otra para papá (parte 1)

Hijo, ¿vos te pensás que la justicia le da la misma importancia a una denuncia proveniente de una madre que a una proveniente de un padre? Deseo fervientemente que para cuando vos seas grande esto cambie, pero hoy en día debo decirte que no, que es todo muy desigual, y que los padres somos muy discriminados.

A principios de noviembre de 2015 decidí separarme de tu madre. Ella me imploraba que me quedara, pero aquella vez, mi decisión fue definitiva. Ya no volvería. A los pocos días te fui a ver, pero ella me dijo literalmente: “si lo querés ver traeme veinte mil pesos”. Y ahí supe que desde ese entonces, todo iba a empezar a empeorar, y nuestras vidas serían una pesadilla.

A los pocos días de mi decisión, tu mamá me hizo una denuncia por amenazas (de muerte) y otra por violencia. Sin ninguna prueba de nada porque, simplemente, eran mentiras, y de una mentira es imposible conseguir una prueba. Tuve que contratar un abogado penalista, claro. Fui a juzgados, fiscalías, policía y cuerpo médico. En la denuncia de violencia fui sobreseído en julio de 2016 porque demostramos la falsedad de la misma. Claro, para los padres no existe el principio de inocencia. No somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, como en el caso de los asesinos u otros delincuentes,  sino que somos culpables por defecto, y tenemos que demostrar nuestra inocencia. La denuncia de amenazas siguió avanzando, la causa todavía está abierta y hasta es posible que termine en un juicio oral o probation, reitero, sin prueba alguna. Mi abogado dice que como son delitos puertas adentro les alcanza como prueba el mero relato de la “víctima”, cosa increíble pero real. Por otro lado, en julio de 2017 tu mamá me denunció por abuso sexual hacia vos (ya hablaré de eso próximamente). Te llevaron a una cámara gesell (a la cual no quisiste entrar), a mi me entrevistaron y analizaron peritos, y finalmente el 22 de septiembre fui sobreseído, aunque pocos días después, la fiscalía apeló el fallo, así que la causa hoy en día sigue abierta. ¿Cómo me siento? Ya te voy a contar más adelante, pero seguramente te lo imaginarás. Que por los pasillos de los juzgados te miren como violento y abusador, es algo a lo que de a poco te vas acostumbrando.

¿Pero sabías una cosa? Yo también la denuncié a tu mamá. Fui 12 veces a la comisaría a denunciar impedimento de contacto (tengo todos los comprobantes, claro), hasta de varias ocasiones tengo acta notarial de un escribano que corroboran los hechos, porque obviamente que la palabra sola de un padre no es suficiente, como sí lo es la palabra de una madre. También denuncié que me amenazó de muerte pero, a diferencia de ella, yo tengo como prueba un audio donde se escucha clarito la frase: “si lo tocas te mato”, haciendo alusión a que si te toco a vos me mata. Y también la denuncié por haberme rayado todo el auto, con vos en brazos, hecho del cual tengo un video donde se ve claramente todo lo sucedido y la situación tremendamente violenta a la cual te expone.

¿Pero sabes qué pasó con todas estas denuncias? Absolutamente NADA. ¿Qué explicación hay para que la denuncia de una madre sin prueba alguna prospere, mientras que la de un padre con pruebas quede en la nada? El interés superior del niño es una falacia que suena bien discursivamente pero que a nadie le interesa llevar a cabo concretamente. Esta desigualdad en el tratamiento de denuncias es una injusticia enorme. Es desesperante. Qué injusto que es todo, hijo, y cómo nos están haciendo sufrir. Las mezquindades, miserias y despechos de las personas adultas es algo que no podemos evitar, ahora, que el estado las apañe, es algo macabro y perverso.

Angustia

Hola Hijo, hoy es lunes 16 de Octubre y te pude ver después de 2 semanas. No pensarás que en estos 14 días no te fui a buscar, ¿no? Fui todos los días que me correspondían. Unas  veces no me contestó nadie y otras veces me dijeron que te habías ido con tu mamá, que te preguntaron y que dijiste que preferías irte con ella. Pero vos no te preocupes que yo sé muy bien que vos querés estar conmigo. No quiero que te sientas mal cuando leas esto, yo sé que me mienten para mortificarme, para que de una vez por todas baje los brazos, pero eso no va a ocurrir. ¡Ah!, y el sábado pasado tampoco faltó el golpe bajo de “¿ahora te acordás que tenés un hijo?, si lo dejaste en la calle”. Es una situación tragicómica, vos sabrás,  porque eso me lo suele decir tu abuela, desde el lado de adentro de mi casa, la cual compré un mes antes de separarme de tu madre, y donde desde entonces vivís vos con tu mamá y con ella. Pero bueno, cada loco con su tema, cuando crezcas lo vas a entender.

Fuimos a la plaza y después a mi departamento, o “casa papá”, como le decís vos. También manejaste el auto de papá tres veces. Ya sabes prender las luces y las balizas, abrir la ventana, mover la palanca de cambio, tocar la bocina y hasta prender el limpiaparabrisas. No veo la hora de enseñarte a manejar en serio.

Tres horas se pasan volando, y más cuando nos vemos tan poco. Por suerte aproveché para llenarte de besos y vos me abrazaste a cada rato. Cantamos, bailamos, nos pusimos la remera de Boca, hicimos choque de panzas y nos reímos a carcajadas muchas veces. Pero cuando te dije que te tenía que llevar a tu casa te pusiste triste, me hiciste puchero y me decías: “No papá…casa papá”.  Y así fue como te subí al auto a disgusto.

En el viaje charlamos mucho, de la mano, obviamente, porque siempre me pedís que te de la mano y papá se las rebusca para agarrar el volante y hacer los cambios con la izquierda para evitar soltarte con la derecha. Estacioné a dos cuadras para que caminemos los últimos minutos antes de la despedida. Y cuando llegamos, la hecatombe. Tu abuela en la puerta esperándote. Y vos, al darte cuenta de que ya era la hora de separarnos, empezaste a llorar y a gritar descontroladamente. Te tiraste al piso, no querías entrar a tu casa. Tuve que agarrarte y entrarte a la fuerza. La situación la vimos tu abuela y yo, pero ella nunca lo admitirá y se lo llevará a la tumba.

Di la vuelta y me fui llorisqueando de la impotencia. La impotencia de saber que estás sufriendo y no poder hacer nada. La impotencia de saber que ambos compartimos la misma angustia de no saber cuándo nos vamos a volver a ver. La angustia de saber que, aun con un dictamen de un juez, tu madre no nos deja vernos el tiempo y de la forma que nos corresponde y, en definitiva, la angustia de no saber cuánto tiempo pasará hasta abrazarnos otra vez.