Mi primera reunión de padres, y otra vez la policía.

Hola hijito, hoy es 24 de Noviembre 2017 y tuve la experiencia de participar de mi primera reunión de padres en tu jardín. Hace tiempo que tu seño me había avisado, así que por las dudas yo pedí en el juzgado que me dieran una autorización explícita para poder asistir, sabiendo de antemano que podía pasar cualquier cosa.

Y así fue como cinco minutos antes de la hora de inicio la directora me llamó y me pidió muy amablemente si podía ir otro día para evitar inconvenientes, porque tu mamá había llegado antes y había presentado no sé qué papeles para que yo no pudiera concurrir. A lo cual yo le respondí que no, que no sólo tengo el derecho legítimo como padre, sino que también tenía la autorización del juzgado.

Estuve 15 minutos afuera hasta que repentinamente llegó la policía. También salió la directora, explicó la situación y yo exhibí mi autorización a los tres uniformados, quienes después de leerla dieron el visto bueno para que yo ingresara. La directora me acompañó hasta tu aula y me senté en una de las sillitas, que posiblemente vos hayas usado más de una vez. ¿A vos te parece que tenga que venir la policía para que tu papá participe de una reunión de padres?

A tu mamá no la vi en ningún momento pero me enteré que se fue enojada y amenazó a la directora con sacarte de la institución. Cabe aclarar que yo no tenía ningún problema en compartir la sala con ella, creo que los dos tenemos derecho y debemos comportarnos civilizadamente. Es una pena que ella lo tome de esta manera porque nos terminamos perjudicando todos, inclusive los otros nenes del jardín que tienen que ver llegar a la policía y no deben entender el  por qué.

En la reunión tu seño nos contó un poco sobre las actividades que estuvieron realizando durante el año y nos proyectaron un video donde te pude ver muy contento jugando y compartiendo con tus amiguitos. Al finalizar nos dieron los informes y todos los papás y mamás se encontraron con sus hijos, a excepción mía, claro, porque obviamente no te habían llevado para evitar que estuvieras conmigo. Qué actitud sumamente egoísta, ¿no creés? Que todos tus compañeritos tengan esa alegría de encontrarse con sus padres en el aula donde juegan todos los días, menos vos que te lo perdiste.

Saludé a tu maestra y a la directora y me volví caminando al trabajo con un sentimiento de alivio. Primero porque no dejé avasallar mis derechos como papá, y segundo porque al menos por unos minutos tuve la posibilidad de sentirme un papá normal, como cualquier otro que asiste a una reunión de padres en el colegio de su hijo. Ya para cuando termine de escribir este texto y lo guarde para publicarlo más adelante, seguramente habré tomado consciencia que sigo sin verte y que cada día que pasa es una puntada más en la espalda que se me suma. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que podamos volver a vernos y tener una relación de padre a hijo como la que ambos nos merecemos?

Un almuerzo como los de antes

Hola hijito, hoy es domingo 3 de diciembre de 2017 y fuimos todos a almorzar a lo de tus abuelos. ¿Te acordás cuando vos venías? La última vez que pasamos juntos un día del fin de semana fue en octubre de 2016 y vos tenías poquito más de dos años, así que posiblemente te cueste acordarte de todo lo que hacíamos. Pero no te preocupes porque cuando nos volvamos a ver, tengas la edad que tengas, entre todos te vamos a hacer acordar de cómo disfrutabas de esos momentos.

Me acuerdo que te encantaba comer lo que te cocinaba tu Abu. Tenías dos platos preferidos. Pollo o carne con puré, pero siempre con alguna salsa de crema con puerros o algo por el estilo. Comías a upa de Papá, y te gustaba tanto que si me llagaba a distraer me agarrabas del brazo y me acercabas la cuchara al plato para que te siguiera dando la comida.

La casa de los abus es muy grande, y a vos te gustaba irte por todos lados. ¿Te acordás cuando jugabas a esconder el teléfono? Agarrabas el inalámbrico y los escondías en la habitación de los abus, debajo de la cama o entre las almohadas, lo hacías sonar desde la base, y te ibas corriendo por el pasillo hasta el comedor a llamar al abuelo o a la abuela para que lo buscaran. Las caras y gestos que hacías eran hermosos y muy tiernos.

Hoy fue un almuerzo como aquellos en los que vos también venías, solo que con un poquito más de gente porque hace ya bastante que tus tíos se volvieron a vivir a Buenos Aires. Vinieron León, Borja y Cata. Les tuve que prestar algunos de tus juguetes, no te enojás, ¿no? La casa siempre tiene más vida cuando hay chicos, ruido y desorden por todos lados, pero me resulta inevitable no ponerme triste pensando que faltás vos, y es imposible no imaginarte ahí, compartiendo el domingo con todos los chicos, tíos y abuelos.

Vivir de recuerdos no es sano, hijo, hasta inclusive es demasiado triste. Pero cuando te roban un hijo o un nieto, los recuerdos son lo único que mantiene viva la esperanza del reencuentro, y por más que el camino sea doloroso, hay que levantar la frente y transitarlo.

Feliz 2018

Hola hijo, hoy es el último día del 2017 y acabo de irte a buscar a tu casa. El juez había dictaminado que tenías que estar conmigo desde hoy a las 12:00 hasta mañana en el mismo horario. Pero obviamente, al tocar el timbre lo único que escuché fueron los ladridos de Sami, y ni vos ni tu mamá ni tu abuela parecían estar adentro. Es tu cuarto año nuevo y el tercero consecutivo que pasás sin tu papá.

Mi deseo para este 2018 que arranca en escasas horas no puede ser otro que el que volvamos a estar juntos. También deseo que seas un niño feliz, que puedas progresar en tu lenguaje, que dejes los pañales, y que en el jardín hagas muchos amigos y aprendas muchas cosas nuevas.

Yo por mi parte te prometo que voy a intentar ser feliz a pesar de todo. Te prometo que no voy a bajar los brazos y que siempre voy a seguir luchando para que se haga justicia. La vida sigue y no puedo permitir que los golpes, por más duros y contundentes que sean, me detengan. Tengo muchos desafíos profesionales y personales para este año y voy a poner toda la garra del mundo para llevarlos a cabo. Sea cuando sea nuestro encuentro, quiero que sientas orgullo de tu viejo, tanto en su rol de padre como en el de persona en general.

Aprovecho también para desearles un muy buen 2018 a todos los lectores. Los que tienen a sus hijos disfrútenlos al máximo, y los que no tienen esa suerte, por favor no decaigan y piensen que el próximo año sí o sí tiene que ser mejor, pero que eso en gran medida depende de la fuerza que cada uno de ustedes le ponga.

Hijito de mi alma, donde quieras que estés, sabé que papá va a estar pensando vos. Te quiero y te extraño mucho.

La educación, la salud y el código civil

Hola hijito, aunque corro el riesgo de que te aburras un poco, hoy te quiero hablar en relación a dos artículos del código civil. El artículo 641 dice que “en caso de cese de convivencia, se presume que los actos realizados por un progenitor cuentan con la conformidad del otro, y el artículo 654 dice que cada progenitor debe informar al otro sobre cuestiones de educación, salud, y otras relativas a la persona y bienes del hijo.”

Desde el momento en que me separé de tu mamá nunca más tuve información acerca de tu salud. Nunca me han informado de tus visitas al pediatra, de tus vacunas, de tu alimentación y de nada. Muchas veces me negaron verte aludiendo que te sentías mal, pero nunca me han informado qué te sucedía ni cómo evolucionabas. He mandado varios mails y mensajes a tu mamá preguntando por tu salud, pero nunca jamás fueron respondidos. Inclusive a través de mis abogados he intentado indagar pero ni así me han respondido.

En cuanto a tu escolarización, a mí me hubiera gustado que empieces el jardín a principios de 2017, es decir, al comienzo del ciclo lectivo correspondiente a sala de tres. Se lo hice saber a tu mamá, hice extensiva mi preocupación en el juzgado, e inclusive me ocupé de buscar y averiguar distintas alternativas de escuelas las cuales se las presenté a tu mamá, pero otra vez la respuesta fue la nada absoluta. Finalmente me enteré que empezaste el jardín después de las vacaciones de invierno, en un jardín en el cual nadie me consultó si me gustaba y que, por supuesto, no participé en ninguna entrevista previa de admisión. En estos 6 meses ni tu mamá ni nadie de su familia me han informado sobre tu desempeño en la institución y nunca pude ni siquiera ver tu cuaderno de comunicaciones.

Como podés ver, hijo, saber de vos cada vez se me hace más difícil. No sólo son los temas trascendentales como nuestro vínculo los que son transgredidos, sino que al desmenuzar el código civil puedo encontrar numerosos artículos que son infringidos. ¿Qué es lo que necesita un juez para tomar decisiones que realmente impacten en la vida de un niño? ¿Cuántos artículos del código civil, cuántas veces, y por cuánto tiempo deben ser incumplidos para que algo suceda? Si algún lector conoce la respuesta, por favor avise porque mi hijo y yo estamos esperando ansiosamente el poder reencontrarnos.

Feliz Navidad

Hola hijito, hoy es tu cuarta navidad, y la tercera consecutiva que pasás sin tu papá. Quiero decirte que te extraño mucho y que en todo momento pienso en vos. Te deseo que seas el nene más feliz del mundo y que mi ausencia te afecte lo menos posible. Sos un nene muy bueno así que no tengo dudas que Papá Noel te va a traer todo lo que le pediste.

También quiero aprovechar para desearles una muy feliz navidad a todos ustedes, los lectores. Hace poco más de dos meses que empecé a publicar y ya son casi 5000 los seguidores de la página y hay infinidad de comentarios día tras día. Nunca me imaginé que lo que escribo podría tener tanta repercusión y empatía del otro lado. Brindo por todos ustedes y les agradezco de corazón que estén del otro lado. Los que tienen la dicha de tener a sus hijos cerca, les pido que los abracen el doble de fuerte para compensar todos esos abrazos que los padres impedidos de contacto no podemos dar. Gracias por todo.

Esperanzas

Hijo, ¿vos sabías que a papá nunca le gustó hacer la cama? Quizá sea porque tampoco me molesta dormir con la cama desecha, no lo sé. El tema es que los dos días por semana que en algún momento supiste venir a “casa papá”, siempre tomé el recaudo de hacer previamente la cama y acomodar todo porque no me gustaba que vieras mi habitación ni la casa desordenada. Ahora ya hace dos meses que, aunque sigo yéndote a buscar como lo dice el juez,  tu mamá impide que nos veamos. Pero debe haber algo en mí que nunca me hace perder la esperanza, porque todos lunes y todos miércoles antes de salir al trabajo jamás me olvido de hacer la cama y dejar todo ordenado, por las dudas de que por la tarde podamos estar juntos y jugar un rato.

¿Te acordás que era lo que más te gustaba comer cuando estábamos juntos? Si, los palitos salados. Siempre me aseguré de tener un paquete a mano por si en algún momento te daba hambre. He llegado a hacer malabares tremendos como tenerte a upa dentro del subte lleno de gente, y abrir el paquete con la boca mientras hacía equilibrio para no caernos, todo porque a vos se te ocurría comerlos en los lugares y momentos más extraños. El último paquete que compré lo tengo todavía en el auto. Fue el 25 de octubre de 2017. Ese día te pasé a buscar y fue el primero de esta nueva secuencia inagotable de impedimentos de contacto. Posiblemente ya esté vencido. Lo cierto es que cada vez que subo al auto lo veo, pero no me resigno a tirarlo o a comerlo. Seguramente sean esas mismas esperanzas que tengo que algún día pueda comerlo con vos, las que me disuaden a que no lo haga.

Otra cosa que me niego a sacar del auto es tu silla. De vez en cuando miro para atrás, y la veo ahí, vacía, y me acuerdo de cómo charlábamos de la vida, yo adelante y vos atrás, tomados de la mano, carcajada de por medio, y no puedo creer haber llegado a esta situación. Sacarla sería como rendirme, como asumir que ya no hay chances de que volvamos a estar juntos, y me niego rotundamente, porque la esperanza es lo último que voy dejar que abandone mi cuerpo.

Tus juegos, juguetes, pizarrón y todas tus cosas siguen en “casa papá” igual que la última vez que viniste. Es más, en este preciso instante, mientras escribo estas líneas,  veo tu estación de servicio, tus autos, tu trencito eléctrico, tu fábrica de masa y tu caja de herramientas, y las percibo entristecidas por la falta de uso, y acongojadas por el lejano recuerdo de tus manitos sobre ellas.

Por último, te quiero contar, que de la última vez que fuimos a la plaza, nos quedó sin usar una de las fichas de los juegos mecánicos. Cuando saqué las monedas del pantalón la vi ahí, gris y ranurada, y desde ese entonces la guardo como un tesoro, como símbolo de esa misma esperanza que me da fuerzas para seguir adelante. No me pienso deshacer de ella porque no tengo dudas de que algún día la vamos a volver a usar. Espero que todavía tengas edad para subirte a los juegos porque eso habrá significado que se hizo justicia, pero de no ser así, se la regalaremos a algún otro chico, y nosotros nos sentaremos a hablar de la vida como lo hacíamos antaño, y pretenderemos, a fuerza de recuerdos, intentar suplir el tiempo perdido que nos expropiaron, y así iniciar el lento e interminable proceso de cicatrización de heridas. Papá te extraña más que nunca.

Bonzo, Sami y el amor por los perros

Hijo, ¿vos sabías que una de las cosas que me enamoraron de tu mamá fue su amor por los perros? Hasta haberla conocido mi relación con ellos había sido prácticamente de indiferencia. Siempre había vivido en departamento y a tu abuelo mucho no le agradaban, así que hasta ese entonces siempre había mantenido una suerte de distancia para con ellos.

Cuando la conocí a tu mamá ella vivía con dos. No recuerdo sus nombres, pero eran viejitas y ambas murieron mientras estábamos juntos, y yo la acompañé en el sufrimiento de las dos despedidas.

En Marzo de 2013 me convenció para que adoptara un perro y ella se ocupó de encontrarlo. Lo fuimos a buscar juntos una mañana a Valentin Alsina. Le puse Bonzo y experimenté el amor más fuerte y sincero que puede existir entre un ser humano y un animal. Lamentablemente lo tuvimos poco tiempo, porque Bonzo nos dejó el 21 de septiembre de ese mismo año. Fue la primavera más triste que viví. En ese entonces no recordaba haber llorado tanto en mi vida. El día que Bonzo murió tu mamá y yo decidimos empezar a vivir juntos, y al mes tuvimos la noticia de que vos estabas en su panza. El año que vivimos los tres juntos te hablamos mil veces de él, inclusive vos nos hacías acordar tanto a él que llegamos a pensar que eras su reencarnación. Me acuerdo que escondías tus juguetes en el mismo lugar que Bonzo escondía su orejita.

Después llegó Sami. Cuando vos estabas en la panza de tu mamá, un proveedor de mi negocio, quien había visto personalmente mi relación con Bonzo, me ofreció una cachorrita en adopción. El nombre lo eligió tu mamá y yo la fui a buscar hasta Ezeiza. Sami tenía 6 hermanos pero todos murieron. Ella fue la única sobreviviente, y posiblemente haya sobrevivido por el inmenso amor que le dimos tu mamá y yo. Al principio nos dijeron que tenía un soplo en el corazón, que no nos encariñáramos porque no iba a vivir mucho. Pero no les hicimos caso y Sami logró sobreponerse y hoy en día es la perra más loca y guardiana del mundo.

A ella también la extraño mucho. Hace más de un año que no la puedo ni tocar pero siempre escucho sus ladridos cuando toco el timbre de tu casa. Ella también debe haber sufrido mi ausencia.  Sin embargo nunca me pareció mal que se quedara con vos. Recuerdo que cuando la sacaba a pasear le decía que si alguna vez me pasaba algo que ella cuidara de vos. Y no tengo duda de que lo está haciendo. No tengo dudas de que si en algún momento vos estás en peligro ella va a dar su vida por vos, de la misma manera que lo haría yo. Yo la he visto imponer miedo cuando alguien se nos acercaba y creeme que asusta a cualquiera.

Me imagino que para un chico debe ser muy difícil, o quizá imposible, discernir qué cosa aprender de sus padres y qué es mejor olvidar. Pero si hay algo que me gustaría que aprendas y adoptes de tu mamá es su amor por los perros. Y yo, por mi lado, a pesar de todo lo que ha venido ocurriendo, siempre le voy a estar agradecido por haberme enseñado ese modo de vida tan especial, que es hacer de tu perro un integrante más de la familia.

Otra vez la policía. Ahora en el jardín.

Hola hijito, hoy es 9 de noviembre de 2017, y te quería contar que otra vez tu papá tuvo que pasar por una situación horrible. En la semana tu “seño” me había llamado para avisarme que ya estaban tus fotos del jardín que había encargado anteriormente, entonces esta tarde decidí pasarlas a buscar. Intento ir al menos una vez por mes al jardín para hablar con tu maestra y la directora para que me cuenten como estás, ya que es la única forma que tengo de saber de tu educación. Tu mamá no me cuenta nada y nunca pude ni siquiera acercarme a tu cuaderno de comunicaciones.

Esperé a que pasaran algunos minutos de las cuatro de la tarde para llegar porque no tenía intención de cruzarme con tu madre. Toqué timbre y me dijeron que esperara. Había bastante movimiento porque hacía unos minutos que había sido la hora de salida. Y en eso, a los pocos minutos apareciste por entre el pasillo con tu mamá. Se ve que se habían demorado en la salida porque de lo contrario ya tendrían que haberse retirado un tiempito antes. Al principio no me viste, entonces te grité y fui a tu encuentro. Me agaché y te abracé fuerte, frente a la mirada de ella y la de todos los presentes. No me pude contener. Hace tres semanas que tu mamá obstruye nuestro vínculo sin justificación alguna y necesitaba estar cerca tuyo. Lo único que atinaste a decir fue “casa papá”. Yo lo interpreté como un “rescatame Papi”  y empecé a lagrimear. No paré de besarte, abrazarte y decirte que te quiero mucho. Vos asentiste con la cabeza como diciendo: “ya lo sé Pá, quédate tranquilo”.  Habrán sido tan solo 30 segundos, no más de un minuto. Vi en tus ojos como te costaba alejarte. No lo comprendías. No entendías cómo si papá estaba ahí no te podías ir a jugar un rato con él. A pasear en tren, a la plaza, a manejar su auto, a cantar, a dibujar o a lo que sea.

Yo me quedé adentro y ustedes salieron. Mientras esperaba a la directora para que me diera las fotos, vi por la ventana que llegaba un patrullero y se armaba un poco de revuelo afuera. Al parecer tu mamá había llamado a la policía. Evidentemente no le alcanza con el hecho de impedir ilegítimamente nuestro vínculo, sino que también pareciera que quiere verme preso. Porque te repito, lo único que hice fue abrazarte y decirte que te quiero mucho, a ella no le dirigí la palabra, es más, ni siquiera la miré. Es cierto, como vos sabés, existe una orden de alejamiento hacia ella por una denuncia falsa de amenazas, pero tu papá presentó todos los papeles en el jardín donde se aclara que en pos del interés superior del niño puedo asistir a la institución cuando lo desee para participar activamente de tu educación. ¿Pero cómo le hacés entender eso al policía prepotente que te viene a arrestar, sin conocer nada de la situación?

Un uniformado ingresó a la escuela y vino hacia mí. “Lo tengo que llevar demorado”, me dijo. Intenté explicarle pero era como hablarle a una pared. Finalmente la directora pudo interceder y lograron convencerlo, pero se retiró amenazante diciendo que la próxima me iba a llevar detenido.

Una vez más me sentí perseguido, discriminado y desprotegido. Ya perdí la cuenta de las veces que en estos últimos dos años me trataron como si fuera un delincuente. Por momentos pienso que no se puede vivir así por el desgaste emocional que implica. Pero olvidarme de vos no es una opción así que tengo que sacar fuerzas de donde pueda para no aflojar. Te quiero mucho hijo. Quiero verte, escucharte, abrazarte bien fuerte. Me gustaría estar presente en cada una de las cosas que hacés y al lado tuyo en cada paso que das, pero lamentablemente tu mamá está empecinada en no permitírmelo. Por favor se fuerte y aguantá que en algún momento Papá lo va a solucionar.

Mi hijo, el fanático de los trenes

Hijo mío, apasionado por los trenes, o por los “chuchú”, como al menos les decías hasta la última vez que te vi, te quiero contar que todos los sábados a la mañana voy caminando desde mi casa hasta el Parque Rivadavia, y cada vez que cruzo las vías por la calle Ambrosetti, me detengo en ese monumental aglomerado de rieles de acero y no puedo evitar pensar en vos. Me encantaría hacer ese mismo trayecto tomados de la mano, porque sé que con Papá te encanta caminar largas distancias sin cansarte, y que nos detengamos sobre el puente a mirar desde las alturas ese paisaje ferroviario y el ir y venir de los vagones, mientras respiramos el aire urbano, cruzamos miradas cómplices y hablamos de todo un poco.

De bien chiquito te empezaron a gustar los trenes. Ni gateabas todavía y ya te habíamos regalado una locomotora que iba y venía por todo el departamento. Un tiempo después, cuando me separé de tu mamá y todavía nos veíamos, no pasaba día en que no me pidieras que te lleve a pasear en uno o simplemente ir a verlos pasar a la estación. No dejamos subte ni tren por conocer. Disfrutabas de cada instante del recorrido. Bajar la escalera, pasar la SUBE, traspasar el molinete, sentarnos a esperar, subirnos, apretujarnos entre las personas, comer unos palitos durante el viaje, bajarnos y luego regresar a nuestro punto de partida.

Te gustan tantos los trenes que un día se me ocurrió regalarte uno eléctrico. Armé las vías, conecté todo, y cuando llegaste a casa y lo viste te volviste loco de la emoción. Tengo filmado ese momento de alegría y exaltación, con vos accionando la palanca de velocidades y viendo a la formación trasladarse de un lado al otro del circuito. También, los tenés tan incorporados, que cada vez que cruzábamos un paso a nivel con el auto se te iluminaban los ojos de emoción y se te dibujaba una sonrisa hermosa en la cara, mientras señalabas las barreras con tu manito y me decías “Papá, chuchú”.

Lo cierto es, hijito mío, que cada día que pasa se me hace más difícil estar alejado de vos. La incertidumbre de no saber cuándo te voy a volver a ver es desesperante. En todo lo que hago te veo reflejado, y todo lo que emprendo lo hago para que algún día tengas la posibilidad de sentirte orgulloso del papá que no te dejaron disfrutar. Te extraño mucho.

Cumple Abu

Hola hijito. Hoy es 17 de octubre de 2017 y hoy tu abu cumple 63 años. A todos nos hubiese gustado verte, en especial a ella. Tu abuela te quiere mucho y toda esta situación la tiene muy mal. ¿A qué abuela no le gustaría pasar su cumpleaños rodeada de todos sus nietos?

Pero vos quedate tranquilo que ella sabe muy bien que vos también la querés mucho y que te hubiese encantado estar con ella en este día, pero que lamentablemente tu mamá no te lo permitió. Todavía me acuerdo de su emoción el día que le dijiste “abu” por primera vez.

La verdad que ligaste una abuela súper especial. ¿Qué nene tiene una abuela que corretea a la par de un niño? ¿Qué nene tiene una abuela que juega a la pelota como un mediocampista más? ¿Qué nene tiene una abuela que sube y baja la rampa del estacionamiento al son de su sonrisa disparatada? ¿Qué nene tiene una abu que baila, pinta, arma torres y le cuenta cuentos? Sos un privilegiado hijo, y yo me doy cuenta que vos sos consciente de eso, porque cada uno de los encuentros con tus abuelos los exprimís al máximo y los dejás de cama.

Pero qué triste es que tu mamá también se esté apropiando de tu legítimo derecho de compartir tiempo con ellos. Qué injusto es que te quieran sustraer la mitad de tu historia y robar parte de tu identidad como persona. Qué impotencia me da conocer un montón de chicos que les encantaría poder tener abuelos y no los tienen, y vos que los tenés no los puedas disfrutar como te lo merecés.

Ah! Y hablando de a abuelos, nietos e identidades sustraídas, te quería contar que tenés un primito nuevo. En realidad ya tiene 7 meses pero lamentablemente vos todavía no lo conocés y andá a saber cuánto tiempo pasará hasta que lo conozcas. Tus tíos le pusieron un nombre medio raro, pero no importa, nosotros lo queremos igual y se muere de ganas por conocerte. Tu otro primo también te extraña. Ya posiblemente casi ni te acuerdes de él, pero tiene tu misma edad y es una pena que no puedan crecer juntos porque serían muy buenos compinches.

Toda tu familia paterna te extraña mucho hijo. Todos te tenemos presente en todo momento y todos queremos que pases tiempo con nosotros. No veo la hora de que eso llegue. Te quiero y te extraño mucho.