Hola hijo, hoy es 14 de febrero de 2018 y te fui a buscar a tu casa como decenas de otras veces lo había hecho. Pero a diferencia de todas las otras veces, hoy llegué hasta la puerta y no tuve fuerzas para tocar el timbre. Pude ver a través de una hendija de la persiana que la casa parecía habitada pero claramente vos no estabas adentro, tal como viene ocurriendo en los últimos 3 meses y como ocurrió en la mayoría de los fines de semana desde octubre de 2016 a la fecha.
Hoy no tuve fuerzas para tocar el timbre y bancarme a tu abuela dándome boletas para pagar y haciéndose la desentendida con la atrocidad y la injusticia que se está cometiendo. Te pido perdón si es que esperabas más de mí en este aspecto pero hoy mi cuerpo dijo basta.
Con el de hoy ya van 103 días netos de impedimento de contacto. 71 fines de semana, 18 lunes y 14 miércoles. Me pregunto si tiene sentido seguir yendo y soportando toda la situación, si está más que claro que hasta que la justicia no haga algo la realidad no va a cambiar.
Quiero verte reír, llorar y cantar. Quiero escucharte decirme Papá y que nos abracemos bien fuerte. Quiero verte correr, tropezarte y levantarte. Quiero llevarte al jardín por las mañanas y pasarte a buscar por las tardes. Quiero despertarte, hacerte el desayuno y llevarte a pasear por todos lados. Quiero bañarte, prepararte la cena, que comamos juntos y contarte un cuento diferente cada noche antes de irnos a dormir. Quiero enseñarte a tocar la guitarra, a hacer pruebas cada vez más difíciles y llevarte a conocer la cancha de Boca. Quiero llevarte a la casa de los abus, que juegues con tus primos, y quiero que vayamos a la plaza, corramos carreras y saltemos arriba de los bancos.
Como verás, no quiero nada raro, lo único que quiero es que me dejen ser tu Papá.