El Pernocte

Hoy es 4 de Julio de 2017. Hoy lloré. Lloré mucho. No por angustia y tristeza como en otras ocasiones. Esta vez fue por emoción y, posiblemente, también por desahogo. Después de 9 meses de haberlo solicitado, el juzgado dictaminó a mi favor la ampliación del régimen de comunicación y, a partir de ahora, te vas a poder quedar a dormir en “casa Papá” un fin de semana de por medio. Apenas me enteré de la noticia llamé a Pocha y a tu abuela, y apenas terminé la segunda llamada no pude contener el llanto. Fue largo, interminable, profundo, entrecortado, tosco. Yo sabía internamente que tu madre no lo iba a cumplir y que esto empeoraría las cosas (porque cada vez que el juzgado dictamina algo a mi favor ella monta en cólera y toma represalias), pero en ese instante fui feliz y ese sentimiento no me lo robó nadie. Porque los sentimientos son ingobernables, indomables y nunca nadie me los podrá apropiar, como sí me están  apropiando tu infancia y tu compañía.

Pocos días después empezaría una nueva pesadilla. Pero de eso te voy a contar en la próxima entrada.

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